“La adolescencia es una larga noche”, me dijo hace tiempo un profesor universitario mientras se llevaba las manos a la cabeza frente a los primeros trabajos prácticos de sus alumnos de primer año, jóvenes que aspiraban a ser periodistas. La frase quedó como una forma de pensar los desvíos, las dudas y los recorridos sinuosos que atraviesan quienes todavía están aprendiendo a acercarse a la adultez.

Sin embargo, esa imagen de la adolescencia no parecía incluir el maltrato deliberado hacia los propios compañeros. La semana pasada apareció un caso que obliga a revisar esa mirada: chicos de 15 años habrían utilizado inteligencia artificial para generar imágenes falsas de compañeras de una escuela y “desnudarlas” de manera digital. Según lo planteado, esas imágenes incluso se habrían convertido en una forma de obtener dinero.

La gravedad del episodio no se limita a la herramienta tecnológica empleada. También expone una concepción de los demás como objetos disponibles para la burla, la humillación o el negocio. La inteligencia artificial puede fabricar una imagen, pero no crea por sí sola la decisión de dañ​​ar a otra persona ni elimina la responsabilidad de quienes la usan.

Frente a situaciones de este tipo, aparece una pregunta inevitable sobre el papel de la escuela y de las familias. ¿Deben explicar con claridad que esas acciones están mal y que pueden causar un daño profundo? También cabe preguntarse qué modelos reciben los adolescentes de los adultos y cuánto influye la aparente normalización de la circulación y el comercio de imágenes íntimas.

Vender imágenes a los 15 años, aunque sean parcialmente falsas y parcialmente reales, plantea interrogantes que exceden la travesura o la transgresión propia de la edad. Puede ser un hecho aislado, una conducta repetida o el primer indicio de una relación con el dinero y las consecuencias marcada por la impunidad. Ante esa nueva forma de violencia, la vieja metáfora vuelve con más peso: la adolescencia puede ser una larga noche, pero no debería convertirse en una zona sin límites éticos.