El documental "No matar", dirigido por Juan Villegas, ofrece una reflexión profunda sobre los estragos que la violencia guerrillera causó en Argentina antes del golpe de Estado de 1976. En una reciente entrevista, Villegas enfatizó que, si bien no equipara la gravedad del terrorismo de Estado con los crímenes de la guerrilla, reconoce que las voces de las víctimas de estos actos aún permanecen en un lugar de silencio y tabú en la sociedad argentina. El director, que cuenta con más de tres décadas de experiencia en el mundo del cine y la television, busca dar visibilidad a un aspecto de la historia que frecuentemente se ignora, mostrando la necesidad de examinar el pasado desde múltiples perspectivas.
En el documental, Villegas presenta las historias de tres ex militantes que vivieron en primera persona aquellas convulsas épocas: Sergio Bufano, Aldo Duzdevich y Emilio del Guercio. A través de sus relatos, se reconstruye un panorama que ilustra cómo la llamada "violencia de abajo" fue surgiendo en un contexto político marcado por el regreso de Juan Domingo Perón y la posterior restauración de la democracia. Este enfoque permite al espectador entender las motivaciones y decisiones de aquellos que optaron por la lucha armada en un momento en que el país estaba plagado de tensiones sociales y políticas.
El documental también da voz a los familiares de las víctimas de la guerrilla, quienes comparten sus historias y reflexiones sobre la violencia que se desató en ese periodo. Un ejemplo conmovedor es el testimonio de un hijo de Luis Giovanelli, un gerente de Ford que fue asesinado en un intento de secuestro en 1973. Su hijo, que apenas tenía cuatro años en ese momento, expresa su dolor y la complejidad del duelo al señalar que, aunque la dictadura comenzó en 1976, el asesinato de su padre fue un acto de violencia que no puede ser justificado ni minimizado. Este tipo de testimonios subraya la necesidad de un debate más amplio y honesto sobre las consecuencias de la violencia en la Argentina de los 70.
En las décadas de los 80 y 90, existía un consenso entre muchos sobrevivientes de la lucha armada, quienes reconocían que tomar las armas en democracia y llevar a cabo asesinatos para "agudizar las contradicciones" era un error. Sin embargo, este consenso se desvaneció con la llegada de una política de derechos humanos que, en muchos casos, promovió un relato que exculpaba a los grupos armados de sus responsabilidades. Con el paso del tiempo, el relato histórico se simplificó, presentando una perspectiva maniquea que reivindicaba la lucha armada bajo el argumento de la "resistencia". Este enfoque, sin embargo, oculta la escasa representatividad de los grupos que decían hablar en nombre del pueblo.
El ERP, uno de los grupos guerrilleros más destacados, dejó en claro desde 1973 que no respetaría el sistema democrático, proclamando su intención de luchar hasta derrocar al capitalismo. Por otro lado, agrupaciones como FAR y Montoneros tenían una estrategia más velada, afirmando su respeto por la democracia mientras continuaban con sus actos violentos. El asesinato del secretario general de la CGT, José Ignacio Rucci, simboliza un punto de inflexión que reveló la verdadera naturaleza de estas organizaciones y su desconexión con la voluntad popular.
La participación de Montoneros en las elecciones de Misiones de 1975, donde compitieron con la etiqueta de Partido Auténtico y obtuvieron apenas un 5,62% de los votos, en comparación con el 46,52% del Frejuli, pone de manifiesto su falta de apoyo popular. Estos sucesos ilustran la desconexión entre la ideología de la guerrilla y la realidad política y social del momento. La historia de la violencia en Argentina es compleja y dolorosa, y el documental "No matar" se erige como una herramienta necesaria para abrir un debate sobre un pasado que muchos prefieren olvidar, pero que sigue teniendo profundas repercusiones en la sociedad actual.



