En las primeras horas del domingo 5 de abril, Tucumán fue golpeado por un severo temporal que superó todas las expectativas, dejando a su paso una estela de destrucción y dolor. Las precipitaciones alcanzaron los 270 milímetros en apenas cinco horas en algunas áreas, lo que provocó inundaciones devastadoras y la pérdida de vidas. Entre las víctimas fatales se encuentra un niño de 12 años que sufrió electrocución y una pareja de jóvenes que no pudo escapar de su vehículo mientras era arrastrado por las aguas. Los departamentos más severamente impactados incluyen Chicligasta, Río Chico, Leales, Monteros, Simoca, Burruyacu y Tafí Viejo.

La magnitud de la tormenta llevó a la ministra de Educación, Susana Montaldo, a tomar medidas drásticas, suspendiendo las clases en 96 escuelas de la provincia. Esta decisión se implementó para resguardar la seguridad de los alumnos, ya que muchos edificios escolares sufrieron daños significativos o son inaccesibles debido a los caminos anegados. Las comunidades más afectadas, como Sunchal y La Madrid, se han visto privadas de la actividad escolar, y se está evaluando cuándo se podrá reanudar la normalidad educativa. Desde el Ministerio de Educación, se indicó que el número de escuelas afectadas podría aumentar si las condiciones climáticas no mejoran.

Mientras tanto, equipos técnicos se encuentran en el terreno evaluando los daños en las infraestructuras educativas y habitacionales. La situación es crítica, ya que miles de familias han sido afectadas. Desde diciembre del año pasado, más de 10.000 familias han recibido asistencia debido a una serie de eventos climáticos adversos que han azotado a la región. El gobierno provincial, encabezado por el gobernador Osvaldo Jaldo, ha puesto en marcha un operativo de emergencia, especialmente en localidades como La Madrid y Santa Ana, donde se realizan relevamientos puerta a puerta para atender a los damnificados.

El ministro de Desarrollo Social, Federico Masso, destacó que, a pesar de la magnitud de la tormenta, la cantidad de personas albergadas en centros de evacuación no supera las 100, ya que la mayoría ha podido regresar a sus hogares una vez que las aguas comenzaron a retroceder. Sin embargo, la situación sigue siendo delicada, y se están realizando esfuerzos para garantizar que todos los afectados reciban la ayuda necesaria. La comunidad, unida en este difícil momento, espera que las condiciones climáticas mejoren para evitar mayores desgracias.

La tragedia de este temporal ha dejado una huella profunda en Tucumán. La muerte de Lisandro, el niño electrocutado mientras jugaba en una calle inundada, ha generado una ola de consternación en la sociedad tucumana. Los vecinos de San Miguel de Tucumán se han organizado para solidarizarse con la familia del menor y ayudar a las comunidades más afectadas. Al mismo tiempo, la historia de Mariano Robles y Solana Albornoz, la joven pareja que también perdió la vida en el temporal, ha conmovido a muchos, recordando la fragilidad de la vida frente a fenómenos naturales tan devastadores.

Este evento extremo pone de manifiesto la necesidad urgente de una revisión de los protocolos de emergencia y de las infraestructuras que deben estar preparadas para enfrentar situaciones climáticas adversas. La provincia ha estado lidiando con desafíos relacionados con el cambio climático, lo que subraya la importancia de implementar políticas efectivas para mitigar el impacto de futuros desastres naturales. La comunidad, ahora más que nunca, debe unirse y trabajar en conjunto para reconstruir y rescatar la esperanza en medio de la tragedia.