Desde Córdoba— La conmoción y el dolor se apoderaron de la comunidad educativa del Instituto Juan Pablo II tras la trágica noticia del hallazgo sin vida de Agostina Vega. La joven de 14 años había sido reportada como desaparecida durante cinco días, un periodo en el que sus compañeros de clase lanzaron un emotivo llamado en redes sociales pidiendo su regreso. “En el aula falta Agos”, rezaba un mensaje que resonó en el corazón de todos, acompañado por el hashtag #NiUnaMenos, una clara referencia a la lucha contra la violencia de género que continúa vigente en el país.
El miércoles 28 de mayo, cuando sus amigos grabaron un video con la esperanza de que apareciera, la angustia por su ausencia ya era palpable. En aquel momento, los adolescentes ocultaron sus rostros detrás de hojas blancas, simbolizando su miedo y su deseo de que la búsqueda de Agostina fuera escuchada. Sin embargo, la esperanza se tornó en desesperación cuando, a pocos días de esas imágenes, se confirmó la muerte de la adolescente, un desenlace que nadie se había atrevido a imaginar.
La noticia se esparció rápidamente entre los vecinos y compañeros de Agostina, quienes se congregaron espontáneamente en la calle Alem al 3700, frente a la casa de la joven. En medio de abrazos y lágrimas, los presentes intentaban procesar la realidad de una pérdida irreparable. “Agos era buena onda; medio quilombera, pero buena onda”, recuerda uno de sus compañeros, mientras otros comparten anécdotas sobre su carácter vivaz y rebelde. “No merecía esto, tenía toda una vida por delante”, añadió una compañera, enfatizando la injusticia de la situación.
Los amigos de Agostina comenzaron a reconstruir los últimos días previos a su desaparición y revelaron que hacía aproximadamente dos semanas había dejado de asistir a la escuela. “Nos dijeron que se había cambiado de colegio”, comenta una de las chicas que la conocía, mientras otra destaca que, a pesar de los rumores de conflictos con otras compañeras, no tenían claridad sobre lo que realmente sucedía. “Era nuestra compañera, pero no teníamos tanta confianza para saber lo que le pasaba”, reflexiona.
Uno de los compañeros relata que vio a Agostina por última vez un día antes de su desaparición. “La crucé en la calle y le pregunté por qué no iba más al colegio. Me dijo que tenía muchos problemas”, recuerda con tristeza. Este pequeño detalle suma una capa más de complejidad a la historia de Agostina, quien, a pesar de su espíritu rebelde y su necesidad de libertad, enfrentaba problemas que sus amigos no comprendían del todo.
La noticia de su desaparición generó una mezcla de temor y esperanza entre sus compañeros, muchos de los cuales creyeron que simplemente se trataba de un acto de rebeldía. “Pensamos que iba a regresar, que era un capricho”, confiesa una de ellas, pero su mirada perdida revela la incredulidad de lo que finalmente ocurrió. “Todavía no podemos creer cómo terminó todo”, añade, evidenciando el impacto que esta tragedia ha tenido en la comunidad escolar.
El video que habían grabado días antes quedó como un símbolo de la lucha por la vida de Agostina, un grito desesperado que ahora se transformó en una demanda de justicia. “Hoy, en nuestra escuela, la tristeza y el vacío son palpables. Nos falta una estudiante, una amiga”, expresaron sus compañeros, quienes, en medio de su dolor, elevaron su voz para exigir que no se pierda más tiempo en la búsqueda de respuestas. La muerte de Agostina no solo marca un momento de luto, sino que también plantea interrogantes sobre la seguridad y el bienestar de los jóvenes en la sociedad actual, cuestiones que deben ser abordadas con urgencia y sensibilidad.



