En las últimas semanas, diversas ciudades del país han sido testigos de la aparición de adolescentes que se identifican con animales y se integran en grupos conocidos como Therians. Este fenómeno ha suscitado asombro, curiosidad y, en algunos casos, simplificaciones en la percepción pública.
Estos jóvenes suelen ser vistos en espacios públicos, desplazándose en cuatro patas y emitiendo sonidos que evocan a lobos, gatos u otras criaturas. La respuesta mediática ha oscilado entre la simpatía y el sarcasmo. Sin embargo, es fundamental abordar este fenómeno desde una perspectiva psicológica más profunda y reflexiva.
La adolescencia es un período crítico de búsqueda de identidad, donde los jóvenes exploran diversas pertenencias y ponen a prueba diferentes facetas de sí mismos. Identificarse con un animal puede ser una forma simbólica de gestionar los conflictos que surgen en este tránsito hacia la adultez. Es importante diferenciar entre el juego simbólico, que es parte normal del desarrollo, y una fijación que podría interferir con la integración social y familiar. Cuando esta identificación se convierte en el centro de la identidad del joven, puede transformarse en un síntoma que requiere atención. En este contexto, es necesario reflexionar sobre qué mensajes están recibiendo los adolescentes de la sociedad actual y cómo esto puede influir en su percepción del futuro.



