Lidia "Taty" Almeida, una figura icónica de las Madres de Plaza de Mayo, dejó un legado imborrable en su última aparición pública, donde sus palabras resuenan con una fuerza renovada tras su fallecimiento. A los 95 años, Almeida se presentó ante un auditorio lleno de estudiantes y defensores de los derechos humanos en la Universidad de Buenos Aires (UBA), donde recibió el título de "doctora honoris causa". Su discurso, lleno de emoción y sabiduría, se convirtió en un llamado a la resistencia y a la continuidad de la lucha por la memoria, la verdad y la justicia, temas que siempre fueron centrales en su vida y en la de su organización.

Durante la ceremonia, que tuvo lugar el 17 de abril, Almeida hizo un balance sobre el estado del movimiento de derechos humanos, advirtiendo sobre la necesidad de un recambio generacional. "Quedamos tres Madres, nada más, y dos Abuelas", afirmó, subrayando la realidad del paso del tiempo que ha afectado a aquellas que comenzaron las emblemáticas rondas en la Plaza de Mayo hace casi cincuenta años. A pesar de la tristeza que puede desprender esta situación, su mensaje fue claro: la lucha por justicia no debe cesar, y la responsabilidad ahora recae en las nuevas generaciones.

Con un espíritu indomable, Taty utilizó su discurso para instar a los presentes a tomar la posta de la lucha por los derechos humanos. "Ustedes son los que van a continuar luchando por la memoria, por la verdad y por la justicia. Ya hemos pasado la posta a todas y todos ustedes", enfatizó, recordando que, a pesar de las adversidades físicas, su compromiso sigue vigente. Este llamado a la acción se convierte en una herencia para aquellos que continúan el camino trazado por las Madres, un camino de resistencia y visibilidad.

En una de las partes más emotivas de su intervención, Taty compartió su deseo de seguir hablando y luchando. "Yo espero seguir viviendo mientras hable de corrido. Y espero seguir hablando de corrido mucho tiempo más", fueron sus palabras que resonaron en el auditorio, acompañadas de risas y aplausos. Este deseo de continuar con su misión de vida es un reflejo de su incansable espíritu y su dedicación inquebrantable a la causa.

Antes de concluir, Almeida dejó un mensaje claro y contundente: "Acuérdense lo que las Madres hemos dicho y hacemos, que la única lucha que se pierde es la que se abandona". Esta frase se transforma en un testamento político, un recordatorio de que la lucha por los derechos humanos es un compromiso que debe ser perpetuado. Su vida y su mensaje son un faro de esperanza, recordando a todos que la memoria de los desaparecidos y la búsqueda de justicia no pueden ser olvidadas.

Fiel a su estilo y compromiso, Taty Almeida también hizo hincapié en la importancia de la militancia. Recordó a su hijo Alejandro, secuestrado por la Triple A en 1975, y destacó su compromiso político. "No hay que tenerle miedo a la palabra militancia", enfatizó, instando a los jóvenes a abrazar esta lucha y continuar el legado de aquellos que dieron su vida por un mundo más justo. En sus palabras, la militancia se convierte en un acto de amor y compromiso social, una invitación a seguir soñando y luchando por un futuro mejor.