Una salida familiar hacia la Reserva Natural Villavicencio cambió de rumbo cuando el grupo decidió continuar por los caracoles de la histórica Ruta 52, en Mendoza. El viento helado y la reciente nevada sobre la precordillera acompañaban el recorrido, que llevó a los viajeros hasta la zona del cruce con Uspallata, a casi 3.000 metros sobre el nivel del mar.
Mientras se preparaban para almorzar, Fabri y Majo se internaron entre los arbustos y escucharon un sonido que rompía el silencio de la montaña. Era el maullido persistente de un gatito que apareció entre la vegetación, aunque se alejaba y se escondía cada vez que intentaban acercarse. “Escucharon el maullido de un gatito y de pronto lo vimos aparecer. Pero no nos dejaba agarrarlo, se escapaba y escondía. Lloraba todo el tiempo”, relató Gonzalo Cano, quien se encontraba en el lugar junto con sus padres, Eduardo y Alejandra, y el resto del grupo.
Ante la dificultad para alcanzarlo, los viajeros optaron por esperar y tratar de ganarse su confianza. “Le dimos un poco de comida y agua, y nos pusimos a comer. Sabíamos que se iba a acercar hasta que tomara confianza. Como última opción, teníamos la certeza de que la íbamos a agarrar”, explicó Cano. Después de dos horas de intentos entre las matas espinosas, llegó el momento de emprender el regreso hacia la ciudad de Mendoza. El relato disponible concluye en ese punto, sin precisar qué ocurrió luego con el animal.



