El ingeniero Carlos Ferello, único argentino a bordo del crucero MV Hondius, compartió su experiencia tras la aparición de un brote de hantavirus durante una travesía por el Atlántico Sur. Desde Tenerife, Carlos narró cómo su viaje, que tenía como objetivo explorar rutas remotas y celebrar su retiro, se transformó en una situación excepcional marcada por contagios y fallecimientos, así como por la respuesta internacional que se activó en medio de la emergencia sanitaria.

El 1 de abril, el MV Hondius zarpó en un nuevo recorrido luego de una primera travesía que comenzó el 20 de marzo. En su ruta, el barco tocó puertos como Ushuaia, las islas Georgias del Sur, Tristán da Cunha y Santa Elena, hasta que la salud de los pasajeros se vio comprometida por un brote inesperado. La situación se volvió crítica cuando un matrimonio holandés, que viajaba en la embarcación, comenzó a mostrar síntomas de fiebre, lo que inicialmente no generó alarma entre la tripulación.

El clima de tranquilidad se interrumpió abruptamente con el anuncio del fallecimiento del esposo. Tras este evento, la viuda fue desembarcada en Santa Elena y trasladada a Johannesburgo, donde falleció poco después de su llegada. Este segundo deceso encendió las alarmas en el barco, lo que llevó a las autoridades a realizar análisis médicos de forma urgente y a implementar un aislamiento progresivo de los pasajeros para contener la situación.

A medida que el barco continuaba su travesía, se reportó un tercer caso de contagio. Después de atracar en las islas Ascensión, un pasajero británico y el médico que lo atendió, junto con un guía, presentaron síntomas y fueron enviados a Johannesburgo para recibir atención médica. Según el relato de Carlos, todos lograron recuperarse, aunque la tripulación no había implementado un protocolo estricto de seguridad. "No había un clima alarmante. Después de un tiempo sin nuevos casos, todos empezamos a cuidarnos más. Yo, por mi parte, estaba solo, así que siempre comía solo y tenía poco contacto con los demás", explicó.

El ingeniero también destacó que la Cancillería argentina, el Ministerio de Salud y los consulados de España y Países Bajos mantuvieron un contacto constante con él durante esta crisis. La embajada argentina en Tenerife le ofreció opciones para cumplir su cuarentena, permitiéndole elegir entre regresar a Holanda o a España. Carlos optó por el país europeo, donde un grupo de veintiséis ciudadanos holandeses, junto a algunos alemanes, un griego y un japonés, lo acompañarían en el aislamiento.

Una vez en Países Bajos, los argentinos serán sometidos a un aislamiento domiciliario, mientras que el resto de los pasajeros será alojado en hoteles con estrictas medidas de control. Se realizarán análisis sanguíneos periódicos para descartar nuevos contagios. Carlos anticipó que el periodo de aislamiento podría extenderse por unas seis semanas, lo que alargará su viaje, originalmente planificado para durar alrededor de treinta días. Esta situación ha puesto en jaque no solo la salud de los pasajeros, sino también la logística de un viaje que prometía ser una aventura inolvidable, pero que se ha convertido en un relato de supervivencia.