En la zona de Neve Shaanan, uno de los barrios más vulnerables de Tel Aviv, se ha transformado un estacionamiento abandonado en un refugio improvisado para migrantes y solicitantes de asilo, quienes buscan resguardarse de los peligros que trae consigo el conflicto armado en la región. Este espacio, que en su origen fue parte de un centro comercial, se ha convertido en un lugar clave para aquellos que carecen de medios para acceder a refugios adecuados, sobre todo en medio de la creciente tensión en la zona. La guerra que enfrenta a Israel e Irán ha llevado a muchos a buscar refugio en este estacionamiento, una solución que, aunque precaria, les ofrece una sensación de seguridad ante el temor de ataques aéreos.
Jeny Bautista, una mujer filipina de 56 años, expresa su angustia por la situación actual y cómo el miedo a los misiles balísticos afecta su vida cotidiana. “Si escucho las alarmas, me siento atrapada, como una rata”, comenta mientras se encuentra en este búnker improvisado, que se ubica en el sótano del centro comercial, construido en una estación de autobuses. Para Bautista y otros, este espacio representa una huida de la inestabilidad que caracteriza sus hogares, construidos con materiales frágiles que no pueden ofrecer la protección necesaria.
El centro comercial en cuestión fue inaugurado en 1993, pero su funcionamiento decayó en la década de 2000 debido a problemas de contaminación y la congestión del tráfico. A pesar de su abandono, el estacionamiento ha encontrado un nuevo propósito, albergando a cientos de personas que, a falta de otras alternativas, han convertido este refugio en su hogar temporal. Rose Embae, otra residente del lugar, comenta que, a pesar de las ratas y la suciedad del exterior, el refugio les proporciona un entorno seguro, alejándolos del peligro inminente.
Las autoridades de Tel Aviv han reconocido el uso del estacionamiento como refugio y han implementado medidas para mejorar las condiciones del lugar. Se estima que hasta 500 personas pernoctan aquí cada noche, acampando en tiendas dispuestas sobre césped sintético. Este tipo de refugio, aunque no ideal, es una respuesta a la escasez de opciones para aquellos que no cuentan con los recursos para acceder a refugios convencionales, muchos de los cuales están distribuidos desigualmente en la ciudad.
La desigualdad en el acceso a refugios en Israel ha sido un tema recurrente en el marco del conflicto. La ONG Abraham Initiatives ha destacado que de los más de 11.000 refugios públicos, solo una pequeña porción se encuentra en áreas de mayoría árabe. Este contexto ha llevado a iniciativas como la de Joseph Cohen, un trabajador del Ayuntamiento de Tel Aviv, quien asegura que el refugio está abierto a todos, sin distinción de nacionalidad o estatus legal. Cohen enfatiza que el espacio está diseñado para acoger a judíos, árabes y migrantes por igual, buscando promover un sentido de comunidad en medio del caos.
Este refugio, aunque improvisado y con limitaciones, se ha convertido en un símbolo de resistencia y adaptación ante la adversidad. Para muchos de sus ocupantes, el parking no solo representa un alivio temporal, sino también un espacio donde pueden encontrar un sentido de pertenencia en un momento de crisis. La transformación de un lugar de abandono en un refugio de esperanza es un relato que refleja la lucha y la resiliencia de aquellos que buscan un lugar seguro en un mundo incierto.



