En un reciente encuentro marcado por la profundidad y la sinceridad, la psicóloga chilena Pilar Sordo y el periodista Luis Novaresio se embarcaron en una conversación que cuestiona las normas sociales que moldean nuestras vidas. En un tono provocador, Sordo planteó la inquietante pregunta: ¿realmente estamos desafiando los mandatos que nos imponen las sociedades contemporáneas? Su respuesta, contundente y directa, fue un "no" que dio inicio a un diálogo en el que se exploraron diversos aspectos de la libertad y las expectativas que nos rodean.
La charla se llevó a cabo en el marco de la serie de diálogos titulada "Nada es tan simple", donde ambos interlocutores, pertenecientes a la misma generación y con trayectorias familiares que los llevaron a ser los primeros en obtener un título universitario, compartieron reflexiones sobre la evolución de los mandatos sociales. En lugar de ofrecer certezas, la conversación se centró en las preguntas que persisten sin respuesta, revelando las tensiones entre lo que se espera de nosotros y lo que realmente deseamos ser.
Sordo, a pesar de reconocer que han existido avances en términos de diversidad y aceptación, subraya que estos cambios han sido sustituídos por otros mandatos que, lejos de aportar a una mayor paz interior, nos atrapan en nuevas expectativas. En este sentido, argumenta que el mandato de la juventud eterna es un peso que, particularmente, recae sobre las mujeres. Cada vez que menciona su edad, 60 años, la reacción común es un cumplido que sugiere que no aparenta su edad. Sin embargo, Sordo se cuestiona si eso es realmente un elogio o una forma de condena a no aceptar el paso del tiempo.
Por su parte, Novaresio aporta su propia experiencia al diálogo, recordando cómo la célebre Mirtha Legrand, a sus 99 años, a menudo le sugiere que se quite la barba canosa para parecer más joven. Esta reflexión sobre la percepción de la edad plantea una paradoja: ¿por qué sentimos la necesidad de ocultar la vejez en lugar de abrazarla? En este intercambio, ambos interlocutores coinciden en que sus abuelos gozaron de una mayor libertad para envejecer y equivocarse sin las presiones sociales que hoy nos afectan, donde la culpa y la autoexigencia parecen prevalecer.
A medida que la conversación avanza, Sordo introduce el tema de los millennials, quienes a menudo son objeto de críticas por sus elecciones de vida. Novaresio menciona que esta generación tiende a rotar en sus trabajos y a desafiar las normas tradicionales de la paternidad, pero Sordo no se muestra convencida de esta narrativa. Argumenta que ella y Novaresio han recorrido un camino en el que primero fue el deber y luego el placer, mientras que los millennials parecen entrar al "estadio" de la vida buscando el disfrute desde el principio. Sin embargo, advierte que, al final, todos enfrentan las mismas responsabilidades y desafíos.
En su análisis, Sordo sostiene que las inquietudes existenciales del ser humano, que han sido debatidas desde la época de Sócrates, siguen siendo las mismas: el dolor, el éxito, el fracaso y las decisiones que tomamos a lo largo de la vida. Aunque la forma en que entramos en estos dilemas puede variar, el fondo de la experiencia humana es inmutable y universal. Esta reflexión invita a reconsiderar cómo nos relacionamos con las expectativas sociales y, en última instancia, con nosotros mismos.
La conversación entre Sordo y Novaresio no solo es un intercambio de ideas, sino también una invitación a la introspección sobre la libertad individual en un mundo que constantemente impone sus mandatos. Al finalizar su diálogo, queda en el aire la pregunta sobre si realmente estamos desafiando esos mandatos y si, al hacerlo, encontramos una mayor libertad o simplemente nos trasladamos a otros arenas de presión social. En un mundo que evoluciona rápidamente, estas reflexiones son más relevantes que nunca, recordándonos que la búsqueda de la autenticidad y la paz interior es un camino que cada uno debe transitar por sí mismo.



