La Paz, 30 de marzo - Un grupo de payasos se movilizó este lunes en La Paz, Bolivia, para expresar su descontento ante una reciente resolución del Ministerio de Educación que restringe las actividades culturales extracurriculares en las escuelas. Esta medida, según los manifestantes, impacta negativamente en un amplio espectro de trabajadores informales, un segmento que representa más del 80% de la fuerza laboral en un país que enfrenta serias dificultades económicas. Los payasos, junto a otros artistas y profesionales del rubro, se unieron en una marcha que buscó visibilizar su situación y reclamar cambios legislativos que les permitan continuar con sus actividades.

El Ministerio de Educación, a través de un comunicado oficial, reafirmó su compromiso con el derecho a la educación de los niños y jóvenes, así como con el cumplimiento de los 200 días de clases efectivos. Sin embargo, también reconoció la inquietud de los trabajadores del sector cultural, incluidos bordadores, artesanos y fotógrafos, abriendo un canal de diálogo para encontrar soluciones que no pongan en riesgo el desarrollo educativo y cultural del país. Esta respuesta, aunque positiva, ha sido considerada insuficiente por los manifestantes, que exigen acciones concretas.

La marcha se caracterizó por la colorida presencia de payasos, quienes lucían sus trajes tradicionales, con caras pintadas, pelucas llamativas y zapatos desproporcionados. Durante la protesta, portaron carteles con mensajes dirigidos a la ministra de Educación, Beatriz García, en un intento por captar su atención y hacerle llegar sus demandas. Wilder Ramírez, conocido como 'Zapallito', fue uno de los voceros de la manifestación. Ramírez explicó que el objetivo central de la protesta es la modificación de dos artículos de la normativa que eliminan la “hora cívica” en fechas significativas como el Día del Niño, el Día del Padre y otros eventos culturales importantes.

Los trabajadores del sector expresaron su preocupación por las consecuencias económicas que esta resolución podría acarrear. Andrea Alanoca, una bordadora que se dedica a la confección de trajes para danzas tradicionales, manifestó que la normativa representa una amenaza para su sustento y el de muchas familias que dependen de este tipo de actividades. "Con esta medida, nos están quitando el trabajo", afirmó Alanoca, señalando que las festividades culturales son una fuente vital de ingresos para su comunidad.

Por su parte, Rocío Lobo, una fotógrafa con más de 28 años de trayectoria, también se mostró alarmada ante la situación. Lobo ha realizado coberturas fotográficas en eventos escolares, pero ahora teme que su trabajo se vea afectado debido a la prohibición de actos extracurriculares. "Si no hay solución a nuestras demandas, la ministra debería reconsiderar su posición, ya que nos está perjudicando de manera significativa", comentó la fotógrafa, resaltando la necesidad de un diálogo efectivo que respete tanto el derecho a la educación como las tradiciones culturales.

El impacto de la resolución se ha hecho evidente desde el pasado 19 de marzo, cuando se celebró el Día del Padre y no se realizaron actos culturales. La inquietud de los trabajadores se centra ahora en la próxima conmemoración del Día del Niño, prevista para el 12 de abril, donde la posibilidad de una repetición de la situación genera gran preocupación. En este contexto, la informalidad laboral en Bolivia, que ha sido exacerbada por la crisis económica y la alta inflación, se convierte en un tema crítico que requiere atención inmediata por parte de las autoridades. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) ha señalado que esta informalidad ha aumentado significativamente en los últimos años, poniendo en riesgo los medios de vida de miles de familias bolivianas.