En el marco de un clima de creciente tensión política, se revelan detalles sobre reuniones secretas que se llevaban a cabo en el Ejército argentino. En la Guarnición Campo de Mayo, el teniente general Jorge Rafael Videla se habría reunido con altos mandos de la fuerza, incluyendo a los comandantes de cuerpos de Ejército y directores de Gendarmería y Fabricaciones Militares. Sin embargo, la ausencia del jefe del Estado Mayor, general Viola, ha suscitado interrogantes sobre la naturaleza de estos encuentros.

El Comando General del Ejército insistió en que Videla no había mantenido reuniones en ese lugar, a pesar de que la actividad en el Edificio Libertador no pasó desapercibida. La situación se tornó aún más sospechosa por las características particulares de acceso al centro militar, lo que llevó a especulaciones sobre el conocimiento de los jefes y oficiales sobre estas actividades clandestinas.

Mientras tanto, la Casa de Gobierno vivía momentos de incertidumbre. Isabel Perón, tras un discurso donde anunció aumentos salariales y un llamado a paritarias, despertaba a una realidad política desmoronada. Con un gabinete renovado, intentaba apaciguar la agitación en un contexto donde el peronismo se encontraba dividido y debilitado, y un golpe de Estado se perfilaba como una amenaza inminente.