En el contexto del 50° aniversario del golpe de Estado de 1976 en Argentina, el Gobierno ha lanzado un video titulado "Las víctimas que quisieron esconder", que refuerza su compromiso con el concepto de "memoria completa" y critica al kirchnerismo. En este material audiovisual, se presenta el relato de Miriam Fernández, quien es reconocida como la nieta recuperada número 127. Su testimonio ofrece una mirada íntima y conmovedora sobre su experiencia personal y familiar durante y después de la dictadura.

Miriam Fernández nació en cautiverio, en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), uno de los centros clandestinos de detención más notorios de la última dictadura cívico-militar argentina. La confirmación de su identidad llegó el 27 de diciembre de 2017, cuando se estableció que era hija de María del Carmen Moyano y Carlos Simón Poblete, ambos desaparecidos por el régimen. De acuerdo con la información proporcionada por Abuelas de Plaza de Mayo, sus padres fueron secuestrados en Córdoba entre abril y mayo de 1977 y posteriormente trasladados al centro de detención conocido como La Perla.

El video del Gobierno, que se enmarca dentro de los actos conmemorativos de la fecha, busca contribuir a la reflexión sobre los crímenes de lesa humanidad y el impacto que estos han tenido en la sociedad argentina. En su intervención, Miriam comparte su historia de vida, que se inicia en un contexto de violencia y sufrimiento. La relevancia de su testimonio radica no solo en la recuperación de su identidad, sino también en la lucha por justicia y verdad que sigue vigente en el país.

El relato de Miriam en el video también expone las circunstancias que rodearon su recuperación. Ella narra que recibió una notificación para que se presentara a un análisis genético, lo que la llevó a una situación de gran tensión. "Me tuve que fugar prácticamente; me tuve que ir el día de la citación", explica. Esta experiencia refleja la angustia y el miedo que aún persiste en quienes han sido víctimas del terrorismo de Estado, así como el seguimiento y la vigilancia que sufrieron muchas personas en esa época.

Miriam optó por mantener el apellido de su familia adoptiva, formada por Armando Osvaldo Fernández e Iris Yolanda Luffi. "Elegí la familia esa, que iba a seguir siendo Fernández siempre", aclara. Esta decisión subraya la complejidad de la identidad y la pertenencia, especialmente en un contexto donde la historia personal está marcada por el dolor y la pérdida. Su relato también destaca la importancia de las familias de crianza que han brindado apoyo y amor, en contraste con las atrocidades cometidas por el Estado.

En el ámbito judicial, se han tomado medidas significativas respecto a los responsables de su secuestro y ocultamiento. En 2021, el Tribunal Oral Federal N° 1 de Mendoza condenó a Osvaldo Fernández y a Iris Luffi a penas de 15 y 10 años de prisión, respectivamente, por los delitos de retención y ocultamiento de una menor, así como falsificación de documentos. También se dictaron penas contra otros implicados en la trama de complicidad y encubrimiento que rodeó su nacimiento en cautiverio. Esto pone de manifiesto que, a pesar de los años transcurridos, el camino hacia la justicia aún está en desarrollo y sigue siendo un componente esencial en la búsqueda de verdad y reparación.

El testimonio de Miriam Fernández es un recordatorio poderoso de la necesidad de recordar y reflexionar sobre el pasado para construir un futuro en el que no se repitan las tragedias. La conmemoración del Día de la Memoria por la Verdad y la Justicia no solo se trata de honrar a las víctimas, sino también de garantizar que las lecciones aprendidas contribuyan a la formación de una sociedad más justa y consciente de su historia. Así, el relato de Miriam se convierte en un símbolo de resistencia y esperanza en la lucha por la memoria colectiva y el reconocimiento de los derechos humanos en Argentina.