Mar Tarres, una figura emblemática del entretenimiento argentino, se abrió en una reciente conversación con Luciana Rubinska, donde abordó su relación con la comida y las emociones que la han acompañado a lo largo de su vida. En esta charla, Tarres compartió su conexión con su padre, quien luchó contra la obesidad extrema y falleció a los 49 años, un hecho que marcó su infancia y su percepción de sí misma. "Yo le debía lealtad a mi papá. Él pesaba casi 350 kilos y fue mi héroe, pero un médico me hizo caer en la cuenta de que a mi edad pesaba solo 20 kilos menos que él. Esa realidad me impactó profundamente", confesó.
Nacida el 28 de mayo de 1987 en Tartagal, Salta, Mar creció en un entorno donde la obesidad era un tema recurrente y doloroso. "En mi hogar, la comida era un tema tabú. No había azúcar ni golosinas, y todo lo que consumíamos era bajo en calorías. Desde muy pequeña, sentí el peso de la preocupación de mi madre, quien temía que yo siguiera el camino de mi padre. Esa presión hizo que pasara mi adolescencia escondiéndome para comer", relató. La joven reconoció que su deseo de disfrutar de la comida se vio opacado por la vergüenza, lo que la llevó a llevar una vida de privaciones.
La influencia de su padre fue más allá de la alimentación. Mar expresó que deseaba ser querida y admirada como él lo fue, lo que la llevó a enfrentarse a un dilema emocional: "Quería ser como él, porque era amado por todos, y eso generó una lucha interna dentro de mí". A medida que crecía, Tarres comenzó a entender que su valor no debía depender de su peso o de la percepción que los demás tenían de ella.
Su vida dio un giro cuando se trasladó a Córdoba para continuar sus estudios, donde finalmente encontró su verdadera vocación en la actuación. "Llegué a Córdoba con la intención de estudiar Ciencias Económicas, pero a mitad de carrera me di cuenta de que necesitaba expresarme artísticamente. Así fue como surgió mi proyecto 'Minas jodidas', inspirado en una ruptura amorosa", explicó. Este espectáculo se convirtió en una catarsis para Mar y resonó con muchas mujeres que se sintieron identificadas con sus experiencias.
El humor se transformó en su vía de entrada al mundo del espectáculo. Tras presentarse en diferentes espacios, logró abrirse camino en el circuito teatral de Buenos Aires. "Comencé actuando en la calle y, gracias a la acogida del público, pude dar el salto a los teatros de la capital. Eventualmente, tuve la oportunidad de aparecer en televisión, lo que me permitió llegar a una audiencia más amplia", destacó Tarres, quien ha sabido aprovechar su talento para conectar con la gente.
Además, Mar ha sido una voz activa en la lucha por la inclusión de talles grandes en la moda. Su frustración por la falta de opciones atractivas para mujeres curvilíneas la llevó a convertirse en una activista en este ámbito. Recordó un episodio en su juventud que la marcó profundamente: "Tenía 22 años y un chico me llamó 'señora' en una fila. Me sentí invisibilizada y decidí que era hora de alzar la voz. No quería ser etiquetada por mi apariencia", recordó. Su experiencia refleja un problema más amplio en la sociedad argentina, donde la moda a menudo excluye a muchas mujeres por su talla.
En su camino hacia la aceptación personal, Mar Tarres ha aprendido a soltar las emociones que antes la mantenían atada a la comida. "Hoy entiendo que mi historia es única y que mis experiencias me han formado. He aprendido a abrazar mis emociones y a no dejar que la comida controle mi vida", concluyó. Su relato no solo es inspirador, sino que invita a la reflexión sobre la relación que cada uno tiene con su cuerpo y la importancia de la autoaceptación en un mundo que a menudo juzga y margina.

