Malcolm X, nacido como Malcolm Little el 19 de mayo de 1925 en Omaha, Nebraska, vivió desde pequeño experiencias que marcaron su vida. A la edad de seis años, el Ku Klux Klan incendiaba la casa de su familia, un evento devastador que fue seguido por el brutal asesinato de su padre a manos de supremacistas blancos. Estas tragedias llevaron a su madre a un colapso nervioso y a la separación de los hijos por parte de las autoridades.

En su trayectoria escolar, Malcolm se destacó como un estudiante excepcional, con aspiraciones de convertirse en abogado. Sin embargo, un profesor le sugirió que se dedicara a la carpintería, algo que consideraba más adecuado para un hombre negro. Este desvío lo llevó a involucrarse en actividades delictivas en Boston y Nueva York, resultando en una condena a diez años de prisión por robo a los 20 años.

La cárcel se convirtió en un punto de inflexión para Malcolm X. Allí encontró la oportunidad de transformarse, dedicándose a la lectura y la educación autodidacta. Bajo la influencia de Elijah Muhammad, líder de la Nación del Islam, adoptó el apellido X, simbolizando su búsqueda de identidad perdida. Su carisma y habilidades estratégicas impulsaron el crecimiento del movimiento, que pasó de 500 a 30.000 miembros en solo doce años, consolidándolo como una figura clave en la lucha por los derechos de los afroamericanos.