Argentina se encuentra ante una transformación demográfica sin precedentes, según las proyecciones de la ONU, que sugieren que la población comenzará a decrecer hacia el año 2050. En una reciente charla, el historiador Roy Hora analizó esta realidad y sus posibles implicancias en la estructura social y económica del país. Las cifras indican que, si bien se espera que la población alcance su punto máximo en 2050, posteriormente comenzará un descenso que podría llevar a la nación a contar con aproximadamente 37 millones de habitantes para el año 2100.
En su exposición, Hora contextualizó el crecimiento demográfico a lo largo de la historia, destacando que el Homo sapiens ha experimentado un aumento constante en su población durante los últimos 40 mil años. Sin embargo, el crecimiento demográfico ha comenzado a mostrar signos de desaceleración, especialmente en las últimas décadas. Este fenómeno se manifiesta en la disminución del número promedio de hijos por mujer, un indicador que ha sido crucial para medir la salud demográfica de cualquier país.
El investigador subrayó que el crecimiento de la población mundial se ha intensificado, sobre todo, en los dos últimos siglos. Sin embargo, en Argentina, la tendencia hacia una menor cantidad de hijos por familia se ha convertido en un patrón marcado. Se estima que, en el contexto actual, el país podría acercarse a los 50 millones de habitantes en 2050, pero después enfrentaría una caída sostenida de la población. Este escenario plantea interrogantes sobre cómo se organizará la sociedad y la economía frente a esta nueva realidad demográfica.
La transición demográfica en Argentina no es un fenómeno reciente, sino que sus orígenes se remontan a fines del siglo XIX. En esa época, el país ya mostraba un alto grado de urbanización y una clase media en expansión. Hora explicó que muchas familias comenzaron a priorizar la inversión en menos hijos, lo que llevó a una reducción en la tasa de natalidad. Así, mientras que en el siglo XIX las familias solían tener seis o siete hijos, para la década de 1920 este número ya había disminuido a alrededor de tres. Este cambio refleja una transformación en los valores y prioridades de las familias argentinas.
La discusión sobre cómo responder a estos cambios demográficos a través de políticas públicas es compleja y presenta diferentes matices. Durante la charla, Gonzalo Aziz planteó la cuestión de si es apropiado que un país planifique su política demográfica y qué tipo de sociedad desea construir en función de ello. Hora respondió que es fundamental que las políticas públicas se adapten a las transformaciones demográficas, pero también advirtió sobre los peligros de la intervención estatal en este ámbito.
El historiador recordó fracasos históricos de políticas demográficas más restrictivas, citando ejemplos de Rumania bajo Ceaușescu, la Italia de Mussolini y la China de la política del hijo único. Estos casos demuestran que las intervenciones estatales en la natalidad suelen tener resultados adversos y que, en gran medida, los cambios demográficos son impulsados por decisiones individuales dentro de cada hogar. Aziz sugirió también alternativas menos invasivas, como la ley de fertilidad asistida, que podría ayudar a las familias a tener hijos sin comprometer sus libertades individuales. Hora coincidió en que un enfoque que permita a las personas elegir cuántos hijos desean tener es deseable, siempre buscando una transición lo más armoniosa posible.


