Una jubilada de 74 años fue víctima de un grave incidente en González Catán, partido de La Matanza, cuando intentaba descender de un colectivo de la línea 218. El conductor del vehículo, en un acto imprudente, aceleró antes de que la mujer completara su descenso, provocando que la anciana fuese arrastrada varios metros por el asfalto. Este lamentable episodio, ocurrido el pasado jueves 2 de julio alrededor de las 11.30, fue captado por las cámaras de seguridad de un comercio cercano, lo que ha permitido que la familia de la víctima cuente con pruebas visuales para respaldar su denuncia.
El incidente se produjo en la intersección de las calles José Esquiza y Concepción del Valle, justo frente a una plaza del barrio. Según informaron fuentes cercanas, la mujer, identificada como María Teresa, sufrió múltiples golpes y su estado de salud fue catalogado como reservado. Inmediatamente después del accidente, fue asistida por una asistente terapéutica que se encontraba en el lugar, junto a un vecino, quienes se apresuraron a brindarle ayuda.
María Teresa fue trasladada a un Centro de Atención Primaria, donde recibió atención inicial y posteriormente fue derivada a una clínica de la región. A pesar de que ingresó consciente y fue sometida a una tomografía que descartó lesiones de gravedad, su estado emocional es preocupante. Su nieta, Florencia, reveló que, aunque fue dada de alta, la anciana se encuentra en un estado de angustia y temor, evitando hablar con otros y presentando un notable estrés post-traumático.
La reacción de la familia ha sido de indignación, especialmente por el comportamiento del chofer del colectivo. Florencia no ocultó su enojo al señalar que el conductor no mostró ninguna preocupación por la pasajera tras el accidente, ni siquiera se detuvo para verificar su estado, ignorando la presencia del centro de salud cercano. Para la familia, este acto de negligencia es inaceptable, y han decidido tomar acciones legales para buscar justicia por lo ocurrido.
Además, la familia ha criticado la falta de comunicación por parte de la empresa de transporte, que no se puso en contacto con ellos luego del incidente. Esta situación ha generado un clima de desconfianza y malestar en la comunidad, donde muchos usuarios comienzan a cuestionar la seguridad en el servicio de transporte público. Florencia enfatizó que su intención al viralizar el video del accidente es prevenir que situaciones similares se repitan, advirtiendo que "hoy fue mi abuela, quizás mañana sea otra persona".
La situación de María Teresa resalta la importancia de la seguridad en el transporte público y la responsabilidad de los conductores hacia los pasajeros, especialmente hacia los más vulnerables como son los ancianos. En medio de este trágico episodio, la comunidad se ha movilizado para expresar su apoyo a la familia y exigir medidas que garanticen la seguridad de los usuarios en el transporte público, esperando que este caso no quede impune y sirva como un llamado de atención a las autoridades y a la empresa de colectivos involucrada. Las acciones de la familia y la repercusión del incidente están generando un debate necesario sobre la seguridad y la ética en el servicio de transporte de pasajeros.



