En una conmovedora intervención ante la Cámara de Representantes de Estados Unidos, Viola Fletcher, una mujer afroamericana de 107 años, compartió su angustiante testimonio sobre la masacre de Tulsa, ocurrida entre el 31 de mayo y el 1° de junio de 1921. Fletcher, que fallecería en 2025, fue una de las últimas sobrevivientes de uno de los episodios más atroces de violencia racial en la historia del país. Con su voz pausada y firme, expresó su dolor y la necesidad de justicia, recordando cómo su comunidad fue despojada de su historia y su dignidad durante casi un siglo. Su relato no solo es un testimonio personal, sino también un llamado a la reflexión sobre el racismo sistémico que persiste en la sociedad estadounidense.
La masacre de Tulsa es un hecho que, a pesar de su magnitud, fue ignorado por la historia oficial durante muchos años. Este trágico evento se desencadenó por un incidente menor, pero resultó en una brutal ola de violencia que dejó alrededor de trescientos muertos, más de ochocientos heridos y miles de personas desplazadas. El barrio de Greenwood, conocido como "Black Wall Street" por su floreciente actividad económica, fue prácticamente devastado, con 35 manzanas reducidas a escombros. Este ataque no solo buscó eliminar la vida de sus habitantes, sino también aplastar un símbolo de prosperidad y éxito en un contexto de segregación racial.
A principios del siglo XX, Greenwood se había establecido como un enclave próspero para la comunidad afroamericana, beneficiada por la repartición de tierras tras la guerra civil. Sin embargo, esta bonanza generó envidia y resentimiento entre los supremacistas blancos, quienes no podían tolerar el éxito de una comunidad que desafiaba las normas raciales de la época. Según el profesor Ben Keppel de la Universidad de Oklahoma, la existencia de un "Wall Street negro" en un contexto de segregación era un desafío directo a la supremacía blanca, lo que llevó a la violencia desmedida en un intento por erradicar dicho ejemplo de igualdad.
El contexto histórico de la masacre de Tulsa también debe entenderse en el marco de un país donde las tensiones raciales estaban en su punto máximo. En 1918, cuando los soldados afroamericanos regresaron de la Primera Guerra Mundial, muchos fueron recibidos con hostilidad y agresiones, incluso linchamientos. Esto marcó el inicio de una serie de eventos violentos, conocido como el “Verano Rojo” de 1919, en el que se desataron disturbios raciales en varias ciudades de Estados Unidos, manifestando la creciente frustración por la discriminación y la violencia sistemática.
La masacre de Tulsa fue prácticamente borrada de los libros de historia y de la memoria colectiva, convirtiéndose en un símbolo del olvido y la falta de reconocimiento de las luchas de la comunidad negra en Estados Unidos. No fue sino hasta el auge del movimiento por los derechos civiles y las protestas contra la brutalidad policial, especialmente tras el asesinato de George Floyd en 2020, que la historia de Tulsa comenzó a emerger desde las sombras. Este resurgimiento de la memoria colectiva ha permitido que nuevas generaciones tomen conciencia de las injusticias pasadas, abriendo un espacio para el diálogo y la búsqueda de justicia.
A medida que reflexionamos sobre la historia de la masacre de Tulsa, es fundamental reconocer el impacto que estos eventos han tenido en la comunidad afroamericana y en la sociedad en su conjunto. La lucha por la justicia y la verdad no solo es un legado de aquellos que sufrieron en 1921, sino también una responsabilidad compartida por todos los que buscan construir un futuro más justo e inclusivo. La voz de Viola Fletcher y de otros sobrevivientes se convierte en un recordatorio potente de que la historia no debe ser olvidada, sino aprendida y comprendida para evitar que se repita. La búsqueda de reconocimiento y reparación es un paso esencial en el camino hacia una verdadera reconciliación racial en Estados Unidos.



