La noche del 21 de marzo de 1975, el barrio San José de Temperley se convirtió en el escenario de uno de los actos más atroces del terrorismo de Estado en Argentina. A las 21:30, un grupo de entre quince y veinte individuos encapuchados, que viajaban en varios vehículos de modelo antiguo, irrumpieron en la calle Donato Álvarez. Entre los coches se encontraban Ford Falcon grises y negros, además de Torinos blancos, muchos de los cuales llevaban balizas que simulaban pertenecer a las fuerzas policiales. Este operativo marcó el inicio de la Masacre de Pasco, un episodio que dejó una huella imborrable en la memoria colectiva del país y que evidenció la brutalidad de las bandas parapoliciales que operaban con la complicidad del Estado.
Durante esa fatídica noche, la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina), un grupo que se dedicaba a la persecución y eliminación de opositores políticos, llevó a cabo un ataque que se caracterizó por su violencia desmedida. Las víctimas, siete personas en total, fueron secuestradas y posteriormente asesinadas. Este suceso no fue un hecho aislado, sino que se inscribió en un contexto de creciente represión y violencia política que se había intensificado desde el gobierno de María Estela Martínez de Perón. La situación en el país era crítica, con un clima de miedo creciente y la desaparición de personas que se había vuelto habitual.
El gobierno peronista de la época, liderado por Martínez de Perón, estaba siendo influenciado por sectores de extrema derecha que buscaban consolidar su poder a través de la fuerza. En la provincia de Buenos Aires, el sindicalista Victorio Calabró asumía la gobernación, mientras que Eduardo Duhalde, un concejal en ascenso, ocupaba la intendencia de Lomas de Zamora. Este contexto de crisis institucional y social facilitó el accionar de grupos paramilitares que, con la mirada cómplice de las autoridades, se dedicaban a eliminar cualquier forma de disidencia. La Masacre de Pasco fue, sin duda, un hito en esta escalada de violencia que marcaría el camino hacia el golpe de Estado de 1976.
Patricia Rodríguez Heidecker, autora de un exhaustivo estudio sobre la Masacre de Pasco, sostiene que este evento fue un punto de inflexión en la lucha política del país. Según ella, "la Masacre de Pasco simboliza la derrota de un proyecto social que intentaba desafiar un orden desigual e injusto". Este ataque, que no solo fue un castigo a las manifestaciones políticas, también anticipó los métodos de exterminio que se aplicarían posteriormente, mostrando la cara más oscura de la represión estatal que se avecinaba.
El retorno de Juan Domingo Perón al país en 1973, en medio de un clima de tensión, fue preludio de la fragmentación interna del peronismo. La Masacre de Ezeiza, que se produjo durante su regreso, había evidenciado que la unidad del movimiento era solo una ilusión, y que las luchas por el poder se resolverían a través de la violencia. Las directrices de Perón, que instaban a una "depuración" del Justicialismo, sentaron las bases para una lucha interna que desembocaría en actos de violencia extrema, como la Masacre de Pasco. Esto reveló cómo la política podía convertirse en un campo de batalla donde no había lugar para la disidencia.
La Masacre de Pasco es un recordatorio escalofriante de los excesos del terrorismo de Estado y de la impunidad con la que operaban grupos como la Triple A. Este episodio no solo resonó en el barrio San José, sino que su eco aún persiste en la memoria de aquellos que sobrevivieron a esa época oscura. La lucha por la verdad y la justicia continúa siendo un desafío en la Argentina actual, donde las heridas de la historia aún no han sanado del todo. Es fundamental recordar estos sucesos para que nunca más se repitan, y para que las nuevas generaciones comprendan la importancia de defender la democracia y los derechos humanos en un país que aún busca reconciliarse con su pasado.
En conclusión, la Masacre de Pasco no fue simplemente un ataque más dentro del contexto de represión, sino que se erigió como un símbolo de la violencia sistemática que marcaría una era en Argentina. Comprender estos hechos es esencial para desentrañar las complejidades de la historia argentina reciente y para reafirmar el compromiso con la construcción de un futuro más justo y democrático.



