En diversas ocasiones he abordado el tema de la inteligencia artificial, pero ante la persistencia de confusiones que considero erróneas, he decidido retomar el asunto con un enfoque más detallado y fundamentado. Este fenómeno, comúnmente conocido como "inteligencia artificial", es en realidad una designación que resulta engañosa por su connotación. La inteligencia, en su esencia, implica un componente de libre albedrío, algo que no puede ser reducido a meras programaciones o reprogramaciones.
La discusión sobre el libre albedrío como una característica fundamental de la humanidad encuentra respaldo en trabajos de renombrados filósofos y científicos. Entre ellos, la obra de Karl Popper y el neurofisiólogo John Eccles, titulada "El yo y su cerebro", es especialmente relevante. En este texto, se plantea que los seres humanos no somos simplemente una suma de componentes biológicos; si así fuera, nuestras acciones y pensamientos estarían determinados de manera absoluta por nuestras condiciones físicas. Esta concepción negaría la existencia de ideas originales, la posibilidad de formular juicios éticos y morales, y la capacidad de ejercer libertad, lo que desdibujaría la esencia misma de la tradición liberal.
Frente a esta problemática, en las academias nacionales a las que pertenezco, he propuesto utilizar el término "algoritmos informáticos" para referirnos a esta avanzada tecnología. Esta terminología no solo es más precisa, sino que también permite una discusión más clara sobre sus aplicaciones en campos como la medicina y otras áreas científicas, así como los dilemas éticos y las controversias que surgen en torno a su uso. Esta distinción es crucial, dado que el lenguaje que elegimos influye en nuestra comprensión y comunicación sobre estos temas complejos.
Un ejemplo cotidiano que ilustra el mal uso del término "inteligente" se presenta en el ámbito inmobiliario, donde se afirma que ciertos dispositivos o sistemas son "inteligentes". Esta afirmación, en realidad, menoscaba la dignidad de la condición humana. El uso inadecuado del lenguaje no solo complica la lógica de nuestras interacciones, sino que también perpetúa confusiones semánticas que son perjudiciales en un contexto más amplio. Por ejemplo, al referirnos a "la memoria" de los dispositivos tecnológicos, olvidamos que en realidad estamos hablando de impulsos eléctricos. Esto contrasta con la forma en que nuestros abuelos utilizaban nudos en un pañuelo como recordatorios, lo que jamás se consideraría un reflejo de la "memoria" del pañuelo en sí.
Es fundamental recordar que las palabras son herramientas que nos permiten pensar y compartir nuestras ideas. Un uso incorrecto del lenguaje puede llevar a malentendidos que obstaculizan la comunicación efectiva. En términos etimológicos, la palabra "inteligencia" proviene del latín "inter legere", que implica la capacidad de elegir entre diversas opciones. Este concepto está intrínsecamente ligado a la noción de libre albedrío, que es un componente esencial de nuestra naturaleza.
Es evidente que los algoritmos informáticos, como cualquier herramienta, pueden ser utilizados de manera inapropiada. Una analogía sencilla es el martillo, que puede servir tanto para clavar un clavo como para causar daño. Esta dualidad en el uso de la tecnología moderna es un aspecto que no se puede ignorar. El plagio, por ejemplo, representa una forma de apropiación indebida del pensamiento ajeno, lo que en el ámbito intelectual se considera tan grave como un crimen. Citar las fuentes y dar reconocimiento a los autores es un principio fundamental que debe ser respetado.
Finalmente, es imperativo señalar que el uso indebido de la tecnología y la falta de ética en su aplicación son temas que deben ser objeto de reflexión y discusión. La responsabilidad recae en cada uno de nosotros, como usuarios y creadores de contenido, para asegurarnos de que nuestras acciones y palabras reflejen un entendimiento claro y preciso de lo que significa ser humano en esta era de avances tecnológicos. La inteligencia, la ética y el libre albedrío deben seguir siendo pilares en nuestra búsqueda de conocimiento y progreso.



