En marzo de 1976, el peronismo enfrentaba una crisis interna marcada por profundas divisiones. El liderazgo del Partido Justicialista estaba en manos de José Genaro Báez, quien había ascendido gracias al apoyo del influyente dirigente metalúrgico Lorenzo Miguel. Sin embargo, Báez comenzó a distanciarse de Isabel Perón, lo que llevó a la presidenta y a Miguel a tomar la decisión de apartarlo del cargo, buscando así consolidar un partido alineado en torno a la figura de Isabel, en un contexto de creciente amenaza militar.
Las facciones dentro del justicialismo eran evidentes. En un extremo, los ultraverticalistas, liderados por figuras como el alcalde Embrioni y el gobernador Menem, consideraban a Isabel como la única líder legítima. Por otro lado, los verticalistas, que también eran leales a la presidenta, contaban con el respaldo de sindicalistas y varios intendentes. Finalmente, un grupo de cuarenta diputados, liderados por Luis Rubeo y Julio Bárbaro, se posicionaba como la facción anti verticalista, exigiendo la renuncia de Isabel y proponiendo al titular del Senado, Ítalo Argentino Luder, como su sucesor.
En medio de esta turbulencia, Jorge Rafael Videla, quien más tarde se convertiría en dictador, había exigido la resolución de la crisis en un plazo de 90 días. A pesar de que las elecciones estaban programadas para octubre de 1976, Báez buscaba también la renuncia de la presidenta. En este contexto, los verticalistas organizaron el Congreso Nacional Justicialista, que tuvo lugar hace 50 años en el Teatro Nacional Cervantes. En esta asamblea, Isabel Perón fue elegida como la primera mujer en presidir el PJ, marcando un hito en la historia política del país, mientras que el gobernador Deolindo Bittel y el gremialista Néstor Carrasco fueron designados como vicepresidentes.


