Kandahar, Afganistán.– En una pequeña aula, varias niñas afganas permanecen sentadas unas junto a otras mientras leen ejemplares que parecen diferentes. Sin embargo, se trata de distintas ediciones del Corán. De pie frente al grupo, una joven se eleva por encima de sus compañeras y posiblemente guía la lectura. La escena adquiere un significado particular en un país donde las adolescentes tienen prohibido continuar sus estudios.

En 2022, un año después de que los talibanes retomaran el control de Afganistán, el régimen impidió el acceso de las mujeres a la educación secundaria y universitaria. La medida fue presentada inicialmente como temporaria, pero lleva casi cinco años vigente y afecta a niñas y jóvenes que no pueden avanzar dentro del sistema educativo formal.

Durante este período, las Naciones Unidas y la Unesco reclamaron la reincorporación de las mujeres a las instituciones educativas. Los talibanes, no obstante, sostienen que su política respeta los derechos de las mujeres de acuerdo con su interpretación de la ley islámica. Esa lectura convierte una actividad reconocida por la Declaración Universal de los Derechos Humanos —el acceso a la educación— en un privilegio restringido por razones de género.