Con el inicio del frío en Buenos Aires, la situación de las personas en situación de calle se vuelve cada vez más crítica. Según datos oficiales, alrededor de 1.613 personas viven en la calle en la ciudad, aunque cifras de censos comunitarios indican que este número podría ascender a más de 11.000. Ante esta realidad, la solidaridad y la acción comunitaria son esenciales para mitigar el sufrimiento de aquellos que se encuentran en una situación tan vulnerable. En este contexto, surge la iniciativa conocida como Plato Caliente, un proyecto que involucra a estudiantes y docentes de la Universidad de Buenos Aires (UBA) en la misión de proporcionar alimentos nutritivos y calientes a quienes más lo necesitan.
Plato Caliente fue lanzado en junio de 2020, en medio de la pandemia, como parte del programa "UBA en Acción". Desde entonces, este proyecto ha logrado repartir más de 60.000 viandas, gracias a la colaboración de más de 15.000 voluntarios y 7.500 cocineros. La presidenta de la Federación Universitaria de Buenos Aires (FUBA), Priscila Vitale, destaca que este esfuerzo se ha convertido en un símbolo del compromiso social de la comunidad universitaria frente a la crisis habitacional que afecta a la ciudad. "Cada salida es diferente. A veces encontramos familias y ciudadanos recurrentes; a veces son nuevos los rostros. Nosotros, como voluntarios, tenemos diferentes circuitos para tratar de cubrir la mayor cantidad de cuadras posibles", explica Vitale, enfatizando la importancia de la adaptabilidad en el servicio.
La actividad principal de Plato Caliente se lleva a cabo en el Bar Saludable de Nutrición de la Facultad de Medicina, ubicado en Marcelo T. de Alvear 2230. Allí, cada jueves, estudiantes de Nutrición y otras carreras trabajan en conjunto para preparar viandas con un enfoque en la calidad nutricional. Se reparten más de 200 raciones por cada edición, principalmente en las áreas cercanas a Plaza Houssay, donde las condiciones de vida son especialmente difíciles. Esta iniciativa no solo alimenta a quienes se encuentran en la calle, sino que también promueve la empatía y la conciencia social entre los jóvenes universitarios.
La solidaridad es el motor que impulsa a los voluntarios que, cada dos semanas, se dedican a esta noble causa. Priscila recuerda cómo el voluntariado nació en un momento crítico de la pandemia, cuando muchas personas necesitaban asistencia urgente. "En la UBA nunca podemos quedarnos con los brazos cruzados", afirma, resaltando el compromiso de la comunidad educativa para actuar frente a la adversidad. Este esfuerzo colectivo refleja una profunda comprensión de la realidad social que enfrenta la ciudad y la necesidad de involucrarse en soluciones efectivas.
Para asegurar que las viandas sean nutritivas y equilibradas, los voluntarios trabajan con alimentos que son donados, y se organizan meticulosamente para preparar las comidas en el espacio de Nutrición de la facultad. "Las viandas se preparan siempre en base a cantidad de nutrientes, proteínas y alimentos acordes a lo que tiene que tener una comida", explica Priscila. Cada plato es diseñado con el objetivo de ofrecer el valor nutricional necesario y se entrega caliente a las personas que lo reciben, lo que representa un acto de respeto y dignidad hacia quienes se encuentran en una situación precaria.
La planificación del menú es otra de las tareas significativas que llevan a cabo los voluntarios. Yamila, encargada de la organización, menciona que se eligen cuidadosamente los ingredientes para garantizar una alimentación adecuada. Este aspecto del proyecto no solo se centra en la cantidad de comida que se entrega, sino también en su calidad, lo que resalta la importancia de valorar a las personas en situación de calle como seres humanos dignos de recibir atención adecuada. Así, con cada plato servido, Plato Caliente no solo alimenta cuerpos, sino que también alimenta esperanzas, construyendo un puente de solidaridad en una ciudad que enfrenta desafíos complejos.


