Marina Vollmann, reconocida divulgadora educativa y figura clave en la Asociación de Dislexia y Familia, ha compartido sus valiosas perspectivas sobre el impacto de la dislexia en la vida escolar de los niños. En una reciente entrevista, enfatizó que un niño que no se encuentra en paz emocionalmente no puede rendir adecuadamente en su proceso educativo. La dislexia, como dificultad específica en la lectura y escritura, se manifiesta tempranamente y puede tener serias repercusiones si no se diagnostica y trata oportunamente.
Durante la charla, Vollmann explicó que los signos de dislexia suelen ser evidentes a partir de los tres años, particularmente cuando los niños comienzan a hablar. Esta condición no solo afecta la verbalización, sino que también repercute en el desempeño escolar, generando dificultades significativas en la escritura y la lectura. La especialista subrayó la importancia de no demorar el diagnóstico, indicando que este es un paso crucial no solo para el bienestar del niño, sino también para su entorno familiar y educativo. Sin un diagnóstico claro, los docentes no pueden implementar los apoyos necesarios, lo que puede llevar a la exclusión del niño en el sistema escolar.
Vollmann compartió su experiencia personal, revelando que durante su infancia lidiaba con la discalculia, una dificultad matemática que le exigía un esfuerzo adicional considerable en comparación con sus compañeros. Recordó con frustración cómo la escuela no era un lugar donde se sentía cómoda, lo que le hacía dudar de su futuro académico. Sin embargo, destacó que las universidades actuales están cada vez más comprometidas en brindar apoyo a los estudiantes disléxicos, lo que representa un avance significativo en la inclusión educativa.
A lo largo de su intervención, Vollmann enfatizó que, aunque una persona pueda ser disléxica toda la vida, también puede desarrollar habilidades y estrategias que le ayuden a sobrellevar su condición. El diagnóstico temprano no solo abre la puerta a un mejor acompañamiento, sino que permite que el niño descubra sus fortalezas y capacidades, transformando su experiencia educativa en algo mucho más positivo.
Además, Vollmann abordó el creciente desafío que presentan las tecnologías digitales y las redes sociales en el contexto educativo actual. Alertó sobre la existencia de "agresores invisibles" que pueden interactuar con los niños a través de plataformas digitales, exponiéndolos a situaciones de riesgo y acoso que pueden ocurrir en cualquier momento y de cualquier lugar. Esta nueva realidad, marcada por el ciberbullying, se ve potenciada por la viralidad de las redes sociales, donde una publicación puede generar un impacto inmediato y difícil de revertir.
La divulgadora también señaló que los niños con dificultades de aprendizaje son particularmente vulnerables al acoso escolar. Esta situación genera un ciclo de bullying que puede ser devastador para su autoestima y desarrollo emocional. Vollmann recordó su propia experiencia de haber sido víctima de bullying escolar, lo que la llevó a abogar por un entorno educativo más inclusivo y comprensivo.
Por último, destacó la necesidad de que los docentes reciban formación específica para prevenir y actuar ante situaciones de acoso, resaltando que es fundamental que toda la comunidad educativa esté informada sobre las dificultades que enfrentan algunos estudiantes. La colaboración entre familias y escuelas es esencial para crear un ambiente seguro y propicio para el aprendizaje, donde cada niño pueda sentirse apoyado y valorado en su proceso educativo.



