En los días que antecedieron al golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, Argentina vivía una profunda crisis que se manifestaba en múltiples dimensiones. La atmósfera en las calles, fábricas y oficinas gubernamentales era cada vez más tensa, evidenciando que el sistema político se encontraba al borde del colapso. No era solo una crisis económica, sino que se trataba de un descontento social y político que cuestionaba la autoridad de los gobernantes de la época.

El 5 de marzo de 1976, el entonces ministro de Economía, Emilio Mondelli, presentó el “Plan Mondelli”, que resultó ser el detonante de una serie de manifestaciones en todo el país. Este plan de ajuste, que limitaba los aumentos salariales a un 12% mientras que los precios de combustibles y servicios se disparaban hasta un 80%, fue visto como un ataque directo al poder adquisitivo de los trabajadores. Las medidas, además, respondían a las exigencias del Fondo Monetario Internacional, lo que generó una amplia sensación de pérdida de derechos en diversos sectores de la población.

La reacción de la ciudadanía fue inmediata. En cuestión de días, las coordinadoras obreras, que ya habían desempeñado un rol crucial durante las protestas del Rodrigazo en 1975, comenzaron a organizarse nuevamente. Se llevaron a cabo asambleas en fábricas, paros y movilizaciones masivas que reflejaban un profundo rechazo hacia un modelo económico que continuaba perjudicando a las clases populares. El descontento social se intensificó, y la calle se transformó en un espacio de resistencia y lucha.

El ambiente se tornaba cada vez más caótico, y los medios de comunicación reportaban la creciente tensión. El diario La Razón, en su edición del 23 de marzo de 1976, reflejaba esta situación con el título “Es inminente el final, todo está dicho”, mientras las movilizaciones se multiplicaban en el conurbano bonaerense y en otras ciudades clave como La Plata, Córdoba, Mendoza y Salta. Era evidente que la ciudadanía estaba clamando por un cambio, y las manifestaciones se convirtieron en el eco de un anhelo colectivo por justicia social y democracia.

En medio de este clima de agitación, el joven fotógrafo Dani Yako, apenas con 20 años, se encontraba realizando una cobertura periodística para la agencia Noticias Argentinas (NA). A lo largo de aquellas jornadas, Yako pudo captar el fervor de la población a través de su lente, una experiencia que lo marcaría de por vida. “Era un ir y venir de políticos y referentes gremiales dando discursos, mientras el peronismo intentaba convocar a manifestaciones de apoyo a la Presidenta, aunque con escaso éxito”, recordó Dani al rememorar aquellos días cruciales en la historia argentina.

A pesar de haber tomado cientos de fotografías durante ese tiempo, muchas de las cuales consideró sin relevancia y que nunca vieron la luz pública, hoy se han convertido en un testimonio valioso de la incertidumbre y el descontento que imperaban en la sociedad. “Son cinco fotos de esos días, aunque sin una fecha exacta”, comentó Yako, quien ha dedicado más de cinco décadas a la fotografía y ha trabajado en importantes redacciones tanto en Argentina como en el exterior.

Estas imágenes inéditas, que ahora son reveladas, permiten vislumbrar el estado de una sociedad en movimiento, marcada por conflictos que amenazaban con desbordar. A través de su lente, Yako capturó un momento crucial en la historia argentina, donde la calle se convertía en un campo de batalla ideológico, lleno de tensiones y aspiraciones profundas. La publicación de este material no solo enriquece la memoria colectiva, sino que también invita a la reflexión sobre las lecciones que la historia nos deja y el valor de la resistencia social ante la opresión.