La histórica iglesia de Santa Catalina de Siena, ubicada en el corazón de Buenos Aires, enfrenta una situación crítica que ha generado una intensa controversia en la comunidad. Desde el miércoles pasado, comenzaron a aparecer grietas en la estructura del templo, que data de 1745 y es considerado un Monumento Histórico Nacional. Gustavo Antico, rector del templo y el monasterio, ha expresado su preocupación por los daños que se están produciendo, los cuales atribuye a las obras de peatonalización que lleva a cabo el Gobierno de la Ciudad en la calle Viamonte.
La puerta principal de la iglesia se encuentra cerrada y custodiada con un candado, lo que ha llevado a la comunidad a cuestionar la seguridad del edificio. En la entrada, dos carteles advierten sobre el "riesgo estructural" y el cierre "momentáneo" del templo. En un comunicado oficial, Antico señala que la decisión de cerrar el lugar se tomó tras constatar daños que podrían haberse evitado. "Hemos alertado en múltiples ocasiones sobre los riesgos que implica la realización de obras en nuestro entorno", reitera el párroco, quien ha estado al frente de la iglesia durante 17 años.
Como respuesta a esta crisis, Antico ha decidido trasladar las misas al aire libre, ofreciendo ceremonias en el atrio de la iglesia para que los feligreses puedan seguir asistiendo. Este cambio ha generado un interés particular, ya que normalmente asisten cerca de cien personas a cada misa, especialmente en un templo que tiene una profunda conexión histórica con el primer monasterio de mujeres en Buenos Aires. La misa del miércoles, en un contexto de creciente preocupación por los daños estructurales, será oficiada por Jorge García Cuerva, arzobispo de Buenos Aires.
Las obras de peatonalización abarcan un tramo de ocho cuadras de la calle Viamonte, entre Carlos Pellegrini y Leandro N. Alem, y comenzaron a mediados de la semana anterior. Antico, que estaba fuera de la ciudad, regresó el viernes y se encontró con los daños evidentes en la estructura. Desde el Ministerio de Espacio Público se decidió pausar las obras en la cuadra donde se ubica la iglesia, luego de recibir reportes sobre los problemas estructurales que se estaban generando.
Por su parte, desde el Ministerio de Espacio Público se ha asegurado que antes de iniciar las obras se realizaron inspecciones al edificio, y que se documentó su estado a través de fotografías. Sin embargo, la comunidad no se siente del todo satisfecha con esta respuesta, ya que consideran que no se han tomado las precauciones necesarias. La falta de comunicación y coordinación entre el gobierno y la iglesia ha llevado a un clima de tensión que podría haber sido evitado.
La situación actual plantea interrogantes sobre la preservación del patrimonio histórico en medio de proyectos de modernización urbana. La iglesia de Santa Catalina no solo es un símbolo religioso, sino que también representa una parte importante de la historia y cultura de la ciudad. Los habitantes del barrio de San Nicolás están expectantes ante cómo se resolverá este conflicto y qué medidas se tomarán para garantizar la integridad de este monumento histórico en el futuro. La comunidad espera que las autoridades no solo se ocupen de la modernización de la infraestructura urbana, sino que también preserven y protejan los valiosos patrimonios que hacen de Buenos Aires una ciudad única.
En este escenario, la iglesia de Santa Catalina se convierte en un microcosmos de las tensiones entre desarrollo urbano y conservación histórica, un tema que sigue siendo de gran relevancia en la actualidad. La atención de la comunidad está centrada en la recuperación del templo, mientras que el futuro de la peatonalización en la zona continúa siendo un tema de debate y análisis.



