En el marco de los 50 años del golpe de Estado que instauró una de las dictaduras más sangrientas de América Latina, el trabajo del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) se vuelve crucial para la identificación de las víctimas de desaparición forzada. Patricia Bernardi, investigadora y miembro fundadora de esta organización, comparte su experiencia mientras conduce a un grupo de periodistas por el laboratorio de identificación forense, ubicado en el Espacio Memoria y Derechos Humanos, conocido antiguamente como la ESMA. Este espacio no solo alberga los vestigios de un pasado oscuro, sino que también es un símbolo de la lucha por la memoria, la verdad y la justicia.

El EAAF, que opera como una entidad científica sin fines de lucro y al margen de cualquier influencia política, ha dedicado más de cuatro décadas a la identificación de personas desaparecidas y muertas durante la violencia política. La metodología del equipo combina disciplinas como la antropología, la arqueología, la genética y la informática, lo que les permite abordar los casos de manera integral y con rigor científico. Desde sus inicios, han trabajado en la identificación de víctimas no solo en Argentina, sino también en otros contextos globales donde la violencia ha dejado a cientos de familias en la incertidumbre.

El proceso de identificación de las víctimas se desarrolla en tres fases fundamentales: la investigación histórica previa, la búsqueda y exhumación de los restos óseos y, finalmente, el análisis antropológico y genético para confirmar la identidad de los cuerpos. Este arduo trabajo no solo implica el estudio físico de los restos, sino también la recopilación de información histórica y testimonios que contribuyen a reconstruir la vida de cada persona desaparecida. El compromiso del EAAF es, en última instancia, devolver a sus familias los restos de sus seres queridos y ofrecerles la posibilidad de un duelo digno.

En el laboratorio del EAAF, se pueden observar numerosas cajas que contienen restos de personas que fueron enterradas como NN en fosas comunes. La realidad es que muchas de estas identidades permanecen desconocidas, lo que genera un doloroso vacío en las familias de los desaparecidos. El equipo ha llevado a cabo campañas que invitan a los familiares a acercarse y proporcionar muestras de ADN, facilitando así el proceso de identificación. Si bien se alienta a los parientes de primera generación a participar, también se aceptan muestras de primos, tíos y nietos, lo que abre la puerta a más posibilidades de identificar a los desaparecidos.

Bernardi destaca el hallazgo significativo que tuvo lugar en el sector 134 del Cementerio de Avellaneda, donde se estima que 245 víctimas fueron inhumadas como NN. Sin embargo, las exhumaciones han revelado un total de 336 cuerpos, lo que pone de manifiesto la existencia de entierros clandestinos y la falta de registros oficiales que complican aún más el trabajo del EAAF. Este sector se convirtió en un punto neurálgico en la lucha por la verdad, especialmente tras la recuperación de la democracia en 1983, cuando muchas causas judiciales comenzaron a investigar los destinos de las víctimas del terrorismo de Estado.

La tarea del equipo forense ha estado marcada por desafíos diversos, desde la presión social y política hasta las limitaciones logísticas y tecnológicas. A pesar de esto, los jóvenes investigadores que se han formado bajo la tutela de expertos como el antropólogo forense estadounidense Clyde Snow han demostrado una determinación inquebrantable. Cada exhumación no solo representa un avance en la identificación de las víctimas, sino también un acto de resistencia y un compromiso con la memoria colectiva. La esperanza persiste entre los familiares, quienes, a pesar del paso del tiempo, continúan buscando respuestas y justicia por sus seres queridos desaparecidos.