Horacio Coppola, reconocido fotógrafo argentino y referente de la vanguardia artística, falleció el 18 de junio de 2012 en su departamento de la calle Esmeralda, en Buenos Aires, a la notable edad de 105 años. Su legado perdura a través de las imágenes que tomó de su ciudad natal, un Buenos Aires que aún conservaba su esencia en los años 30. A pesar de que sus obras fueron creadas hace décadas, su mirada única sobre la urbe sigue resonando en el mundo del arte y la fotografía contemporánea.
Nacido en 1906 en el barrio de Balvanera, Coppola encontró su pasión por la fotografía gracias a su hermano mayor, quien lo guiaba en sus primeros pasos. Antes de dedicarse plenamente a la fotografía, Coppola incursionó en el ámbito del derecho en la Universidad de Buenos Aires y fue pionero en la creación del primer Cine Club del país en 1929. Este interés por la imagen, tanto fija como en movimiento, sentó las bases de su futura carrera como fotógrafo y cineasta.
En 1930, a los 24 años, Coppola emprendió su primer viaje a Europa, donde visitó Alemania, Italia y Francia. Fue en este recorrido donde la fotografía se convirtió en su eje central, llevándolo a realizar las primeras imágenes de la obra "Evaristo Carriego" de Jorge Luis Borges, con quien compartía una estrecha amistad. Juntos recorrían las calles de Buenos Aires, capturando la esencia de una ciudad que se transformaría en el escenario de su obra.
Su segundo viaje a Europa, en 1932, marcó un punto de inflexión en su carrera. Coppola se estableció en Berlín para estudiar en el prestigioso Departamento de Fotografía de la Bauhaus, bajo la dirección de Walter Peterhans. Influenciado por las obras de László Moholy-Nagy y Albert Renger-Patzsch, dos grandes exponentes de la fotografía contemporánea, Coppola se sumergió en una corriente artística que redefiniría su visión.
Durante su período en la Bauhaus, Coppola produjo un limitado pero significativo corpus de 18 fotografías que denominó “Estudios de construcción”. Utilizando una cámara de 9 por 12, exploró naturalezas muertas en las que experimentó con la disposición de objetos cotidianos, creando combinaciones sorprendentes que revelaban su interés por la textura y la forma. Estas imágenes, que a menudo llevaban títulos irónicos, se caracterizaban por su esencia surrealista, fusionando lo cotidiano con lo extraordinario.
Una de sus obras más emblemáticas, "Winter Hilfe" de 1932, presenta una ingeniosa disposición de elementos de indumentaria invernal que, al ser organizados de manera particular, construyen un retrato masculino abstracto. En esta fotografía, la bufanda se convierte en cabello al viento, el sombrero en un cráneo y los guantes en un bigote exagerado. La iluminación cuidadosa resalta las texturas de cada hilo, creando un juego visual que invita a la reflexión. Otra imagen de su etapa en la Bauhaus captura la delicadeza de una pluma apoyada sobre algodón, donde la suavidad de la pluma contrasta con el fondo arrugado, generando una tensión entre lo firme y lo etéreo.
El influjo de las vanguardias artísticas de la época, como el surrealismo y el dadaísmo, permeó tanto sus fotografías como sus incursiones en el cine. A través de su mirada aguda y su enfoque innovador, Horacio Coppola se consolidó como un referente de la fotografía argentina y un testigo privilegiado de la transformación de Buenos Aires en el siglo XX. Su trabajo sigue siendo estudiado y admirado, manteniendo viva la llama de una creatividad que desafía el tiempo y las convenciones.



