En una reciente conversación que tuvo lugar en la Cineteca Nacional de la Ciudad de México, el reconocido cineasta Gianfranco Rosi compartió sus inquietudes sobre la situación actual del mundo y su relación con el pasaporte estadounidense que posee desde hace dos décadas. Alzando la voz en un contexto donde se viven crisis humanitarias y conflictos bélicos, Rosi confesó sentirse avergonzado por su nacionalidad, señalando la responsabilidad de Estados Unidos en la promoción de la guerra en diversas regiones del planeta. Este descontento se manifiesta en su obra, que a menudo aborda temas de migración, violencia y la fragilidad de las sociedades contemporáneas.
Rosi, nacido en Asmara en 1963 y naturalizado estadounidense, se muestra crítico ante las contradicciones de la democracia en su país de adopción, donde la desigualdad en el acceso a la educación, la salud y la justicia es notable. En sus palabras, la lógica imperialista del gobierno estadounidense ha llevado a la devastación de naciones como Afganistán, Irak, Siria y Libia, generando un ciclo de sufrimiento y destrucción que parece no tener fin. La retórica de Rosi resuena con las vivencias de aquellos que han sido afectados por conflictos bélicos, y su llamado a la conciencia es un recordatorio de la urgencia de abordar estos problemas desde el cine y la cultura.
El cineasta no se detiene en la crítica a la política exterior de Estados Unidos, sino que también reflexiona sobre su propia conexión con el mundo actual. "No entiendo este mundo", expresó, aludiendo a la rapidez con la que se desarrollan los acontecimientos y a la desconexión que siente respecto a la realidad contemporánea. Esta pérdida de conexión se ha traducido en una sensación de desilusión y en la creencia de que el cine actual, especialmente en la era digital, enfrenta desafíos significativos para capturar la complejidad de la experiencia humana. Rosi, conocido por su estilo observacional, argumenta que el cine debe ser un espacio para la reflexión y el diálogo, y no simplemente un producto de consumo masivo.
Su obra más reciente, ‘Sotto le nuvole’ (Pompeya: Bajo las nubes), es un ejemplo claro de su enfoque distintivo. Este documental, que recibió el Premio Especial del Jurado en el Festival de Venecia, explora la historia de Pompeya y la efímera naturaleza de las civilizaciones. A través de múltiples voces y temporalidades, Rosi plantea preguntas profundas sobre el legado que dejará la humanidad y su relación con la belleza y la destrucción. "Tal vez nuestra sociedad quede como las estatuas romanas: debajo del agua", reflexiona, sugiriendo que la historia tiende a repetirse y que los ciclos de construcción y devastación son parte inherente de la existencia humana.
La retrospectiva de Rosi en la Cineteca Nacional, que se extenderá hasta el 3 de mayo, ofrece a los espectadores la oportunidad de sumergirse en su filmografía, donde se abordan temas como la migración, la violencia y la vulnerabilidad social. A través de películas como ‘Fuocoammare’ y ‘El sicario’, el cineasta ha logrado captar la esencia de problemáticas contemporáneas que, a menudo, son ignoradas por la sociedad. Su capacidad para observar y documentar la realidad de manera honesta y profunda ha cimentado su lugar en el cine mundial, y su legado continúa inspirando a nuevas generaciones de realizadores.
Finalmente, la voz de Rosi se convierte en un eco de la necesidad de una reflexión crítica sobre el papel del cine en la sociedad actual. En un momento donde la información se consume de manera rápida y superficial, su llamado a la conciencia y a la observación profunda resuena como un desafío a la industria cinematográfica y a los creadores de contenido. Su obra es un recordatorio de que el cine puede y debe ser un vehículo para cuestionar la realidad y promover el diálogo en un mundo que a menudo parece carecer de dirección.



