En un contexto donde la violencia de género se manifiesta de diversas formas y afecta a un gran número de personas, la psicóloga Victoria Ostolaza, actual responsable de Aprendizaje en Faro Educación, ha hecho un llamado a la necesidad de potenciar las competencias de los profesionales de la salud. En su opinión, la detección temprana de situaciones de abuso no solo debe basarse en protocolos establecidos, sino que también requiere de una habilidad fundamental: la capacidad de escuchar e interpretar señales sutiles que puedan indicar la presencia de violencia en la vida de una paciente. Ostolaza enfatiza que crear un ambiente seguro y de confianza es esencial para que las víctimas se sientan cómodas al compartir su experiencia.
La especialista ha identificado varias manifestaciones que pueden alertar a los profesionales de la salud sobre posibles casos de violencia de género. Entre estas señales tempranas se encuentran síntomas físicos persistentes, como dolor crónico, cefaleas recurrentes, fatiga extrema y trastornos digestivos, que a menudo son indicativos de un malestar psicológico relacionado con el maltrato. Estos síntomas no tienen una causa médica clara y pueden ser interpretados como manifestaciones somáticas del sufrimiento que experimentan las víctimas.
Además, Ostolaza ha resaltado la importancia de prestar atención a la forma en que las pacientes se comunican durante las consultas. Pacientes que demuestran miedo a responder incorrectamente, tensión constante y dificultad para expresarse con fluidez podrían estar bajo el efecto de un entorno de control o intimidación. Este tipo de comportamiento puede ser una señal reveladora de que están lidiando con una relación abusiva, lo que resalta la necesidad de que los profesionales de la salud se capaciten en la identificación de estos patrones.
Otro aspecto que la psicóloga destaca son los signos de dificultad en la toma de decisiones. Situaciones donde las pacientes sienten que deben consultar a su pareja antes de decidir algo, o donde esta última está presente durante la consulta y condiciona la conversación, son alarmantes. La interferencia de la pareja en el proceso de atención médica puede inhibir la capacidad de la paciente para expresar sus necesidades y experiencias, lo que dificulta la intervención adecuada.
Asimismo, Ostolaza ha subrayado la importancia de observar la frecuencia de los retrasos en las revisiones médicas y el abandono de tratamientos. Las dificultades que enfrentan algunas pacientes para asistir a consultas por su cuenta o seguir las pautas médicas son a menudo indicativas de dinámicas de control ejercidas por sus parejas. Estas situaciones deben ser abordadas con cuidado y empatía por parte del personal de salud, ya que pueden ser cruciales para la identificación de violencia de género.
Por último, la psicóloga ha enfatizado que la violencia de género rara vez se manifiesta de manera explícita en las consultas médicas. En su lugar, lo que suele presentarse son señales indirectas que, si no se interpretan adecuadamente, pueden llevar a que se pierda la oportunidad de intervenir a tiempo. La formación continua de los profesionales de la salud en la detección de estos signos puede ser fundamental para brindar la ayuda necesaria a aquellas personas que sufren en silencio, marcando una diferencia significativa en sus vidas y en la lucha contra este grave problema social.



