La organización del hogar ha sido tradicionalmente vista como un proceso que exige adherirse a normas estrictas y una estética inmaculada. Sin embargo, varios especialistas en el tema han comenzado a cuestionar esta perspectiva, sugiriendo que muchas de las reglas convencionales pueden ser modificadas o incluso ignoradas si resultan un obstáculo en la vida cotidiana. Amber Taggard, fundadora de The Organizer Chicks, resume esta nueva filosofía con un concepto clave: un sistema de organización debe ser funcional y facilitar el día a día, en lugar de convertirse en una carga adicional.
En este sentido, los expertos han identificado siete normas que, aunque comúnmente aceptadas, pueden ser consideradas prescindibles. Por ejemplo, Brenda Prinzavalli de Balanced Organizing Solutions señala que para determinar si alguien realmente necesita asistencia profesional, es fundamental hacerse dos preguntas: ¿puedo encontrar lo que busco sin inconvenientes? y ¿sueldo perder cosas con frecuencia? Si las respuestas son afirmativas, podría ser señal de que la persona no requiere ayuda externa en su organización.
La idea de que la percepción externa no debe ser el principal criterio de orden es un punto destacado por Prinzavalli. En ocasiones, el verdadero éxito de un sistema de organización radica en su capacidad para adaptarse a las necesidades individuales, sin importar lo que piensen los demás. Así, los expertos sugieren que el enfoque debe centrarse en la funcionalidad y la comodidad personal.
Jessi Acuña, fundadora de The Tidy Armadillo, también aporta una crítica a la tendencia de adquirir soluciones de almacenamiento antes de abordar el problema central: el exceso de objetos. Ella aconseja que la primera etapa del proceso de organización debe ser la depuración de lo que no se necesita, para luego evaluar efectivamente qué soluciones de almacenamiento son realmente necesarias. Este enfoque evita la acumulación de objetos innecesarios y permite una organización más efectiva y realista.
Acuña también sugiere un enfoque más compasivo al tratar con objetos a los que se les tiene apego emocional. Recomienda designar un espacio temporal para esos artículos y regresar más tarde para tomar decisiones más informadas. Este margen de tiempo puede disminuir la carga emocional asociada a la eliminación de objetos, lo que a menudo resulta en una limpieza más efectiva.
Además, los expertos advierten que la clasificación minuciosa puede no ser práctica en contextos familiares. Prinzavalli menciona que, especialmente en hogares con niños, es más efectivo que los pequeños sepan dónde encontrar sus meriendas, aunque eso implique una organización menos rigurosa. De igual manera, en lo que respecta a los juguetes, a veces es más eficiente tener un contenedor grande que dividirlos en categorías extremadamente específicas.
Por otro lado, la forma en que se dobla la ropa puede convertirse en un obstáculo en la organización. Trunz, socia de Jane’s Addiction Organization, enfatiza que lo importante es que el sistema de organización sea cómodo para el usuario. No se trata simplemente de guardar la ropa de cualquier manera, sino de encontrar un método que funcione, ya sea doblando las prendas de manera plana o agrupándolas según preferencias personales, como el tipo de uso o el color.
En conclusión, la organización del hogar es un proceso altamente personal que no debe estar regido por normas rígidas. Los expertos coinciden en que la clave está en adaptar las reglas a las necesidades y estilos de vida individuales, priorizando siempre la funcionalidad y el bienestar en el día a día. Si cada persona encuentra su propio método que les permita mantener el orden sin complicaciones, se habrá alcanzado un verdadero éxito en la organización del hogar.



