En un dramático episodio que marcó la historia naval argentina, el Destructor Bouchard logró rescatar a los sobrevivientes de las balsas del Crucero General Belgrano, hundido el 2 de mayo de 1982. La tensión era palpable cuando el Bouchard, acercándose a una de las balsas, hizo sonar sus bocinas en un intento de llamar la atención de cualquier náufrago. La respuesta llegó en forma de un hombre que, con un brazo en alto y gritando "¡Viva la Patria!", emergió del silencio, generando un estallido de emociones entre la tripulación del destructor. La incertidumbre que había pesado sobre ellos durante horas se disipó momentáneamente al ver una señal de vida, un rayo de esperanza en medio de la tragedia.
El Destructor Bouchard, botado en 1944 bajo el nombre de SS Borie en Estados Unidos, formó parte de importantes conflictos bélicos como la Segunda Guerra Mundial y la Guerra de Corea. Este buque, que había sobrevivido a un ataque kamikaze, fue adquirido por Argentina en 1972, y durante la Guerra de Malvinas, contaba con un arsenal que incluía misiles Exocet, junto a su par, el Destructor Piedrabuena. Ambos buques estaban entre los más destacados de la Armada Argentina, preparados para enfrentar cualquier amenaza en el Atlántico Sur.
Previo al inicio del conflicto en Malvinas, a finales de marzo de 1982, el Bouchard zarpó de Puerto Belgrano. Su comandante, el capitán de fragata Washington Bárcena, reunió a su tripulación para informarles que participarían en la operación de recuperación de las islas Malvinas. La noticia generó un gran orgullo y motivación entre los oficiales, quienes entendieron la relevancia de su misión en un momento tan crítico para la nación.
El 2 de abril, el Bouchard recibió órdenes de posicionarse al norte de las islas como medida de precaución. Posteriormente, tras la operación de recuperación, se unió al Crucero General Belgrano y al Destructor Piedrabuena, formando parte del grupo de tareas 97.3. Su misión era proteger el Belgrano mientras se desplazaban a la zona de exclusión, un área clave donde se esperaban posibles ataques enemigos.
La mañana del 1 de mayo comenzó con ceremonias de izado de bandera y canto del himno, momentos que elevaron el espíritu de la tripulación. Sin embargo, la situación se tornó crítica cuando recibieron la orden de entrar en la zona de exclusión y atacar naves hostiles. Tras no encontrar ninguna embarcación enemiga, regresaron a su posición original, manteniendo la vigilancia sobre el Belgrano que, a esa altura, se encontraba a seis kilómetros de distancia.
La tarde del 2 de mayo presentó un giro trágico cuando el Bouchard sintió un violento cimbronazo, un impacto que sorprendió a la tripulación. La alarma de “Emergencia Tango” se activó, indicando un ataque de torpedo. El caos se desató: el fuerte olor a pólvora llenó el aire mientras los hombres se preparaban para el combate. Fue en ese instante que se dieron cuenta de la gravedad de la situación, con grietas emergiendo en el casco del buque, un claro indicio de la violencia del ataque que había sufrido el Belgrano.
Años más tarde, se supo que el submarino británico Conqueror había estado siguiendo al Belgrano durante 20 horas antes de lanzar el torpedo que resultó en su hundimiento. Este conocimiento no solo revela la complejidad del conflicto, sino que también pone de relieve el sacrificio de aquellos que lucharon en una guerra que dejó profundas cicatrices en la historia argentina. El rescate por parte del Bouchard se convirtió en un símbolo de valentía y determinación, recordando a todos el costo humano de la guerra y la importancia de la memoria colectiva en la construcción de un futuro en paz.



