En un acto reciente en La Laguna, el obispo de la Diócesis Nivariense, Eloy Santiago, realizó un llamado a la sociedad para reconocer el valor de la migración como una "savia nueva" que enriquece la comunidad local. Durante su intervención, que tuvo lugar en un encuentro con el Papa León XIV junto a migrantes y organizaciones que brindan apoyo, el obispo destacó la importancia de superar los "miedos y prejuicios" que muchas veces rodean a las personas que llegan de otros países en busca de una vida mejor.
Santiago hizo hincapié en la particularidad de La Laguna, describiéndola como una "ciudad sin murallas y abierta", donde la Iglesia ve a los migrantes no como una amenaza, sino como "hijos". A este respecto, subrayó la misión de la Iglesia de construir puentes en lugar de muros, promoviendo la inclusión y el entendimiento mutuo entre las diferentes culturas que coexisten en la región.
La cercanía y el apoyo que la Iglesia brinda a los migrantes fue otro de los puntos destacados por Santiago. Con recursos limitados, la institución se esfuerza por acompañar a quienes llegan a las costas, no solo en términos de acogida y protección, sino también en la promoción de su integración en la sociedad. Este proceso, según el obispo, representa un desafío fundamental que necesita ser abordado con seriedad y compromiso.
El obispo también valoró el "hermoso trabajo" que la comunidad católica está realizando para facilitar la integración de los migrantes, mencionando iniciativas como el aprendizaje del idioma español y la formación ocupacional. Estas acciones son esenciales para que los migrantes no solo residan en la comunidad, sino que también se sientan parte activa de ella, contribuyendo al desarrollo social y cultural de la región.
Santiago resaltó la presencia de numerosos migrantes, principalmente de Latinoamérica y Filipinas, que ya son parte integral de la comunidad diocesana. A su juicio, acoger va más allá de dar la bienvenida; implica reconocer y valorar el enriquecimiento mutuo que se produce entre quienes acogen y aquellos que son acogidos. Este intercambio cultural y social enriquece a ambas partes y fortalece el tejido social.
Por último, el obispo enfatizó que los migrantes deben ser vistos como "sujetos y protagonistas" en este proceso, en lugar de ser considerados meros receptores de ayuda. Es fundamental que se reconozcan y valoren los talentos y aportes que cada migrante trae consigo, lo que resulta en un enriquecimiento colectivo. Santiago concluyó su discurso afirmando que la integración, tanto en el ámbito social como en el de la Iglesia, sigue siendo un reto que debe ser enfrentado con voluntad y determinación por todos.



