La investigación sobre el robo de 190 vacas del establecimiento de Bruno Riboldi, un influencer rural con más de tres millones de seguidores en redes sociales, continúa desarrollándose y revelando nuevos elementos que complican la situación. Las autoridades judiciales han intensificado sus averiguaciones, y la Fiscalía está centrada en el análisis de un presunto delito de defraudación por abuso de confianza. En este contexto, la empresa “Joya Agro”, vinculada a Riboldi, ha emitido una declaración en la que sostiene que el caso se trata de una estafa, señalando a Nicolás Coscia como el responsable de la venta de los animales desaparecidos.

Este caso cobró notoriedad pública el 20 de marzo, cuando Riboldi compartió un video en sus plataformas digitales que alcanzó seis millones de visualizaciones, en el que denunciaba la desaparición de su ganado. Según el influencer, el lote consistía en 100 machos, incluyendo novillos y novillitos, y 90 vaquillonas de razas angus, cuyo valor total se estima en 300 millones de pesos. La magnitud de la denuncia y la repercusión en las redes sociales generaron un alto interés en el caso, tanto por el perfil del denunciante como por la naturaleza del delito.

La rápida actuación de la Dirección General de Seguridad Rural “Los Pumas” permitió el hallazgo de 161 animales en un feedlot de Chabás, a aproximadamente 80 kilómetros del lugar del robo. Sin embargo, el descubrimiento no resolvió el misterio, sino que planteó nuevas interrogantes sobre el destino de los demás animales y la dinámica de la relación comercial entre Riboldi y Coscia. La Fiscalía de Villa Constitución, liderada por el fiscal Ramiro Martínez, ha estado trabajando para esclarecer los hechos y determinar la responsabilidad de cada uno de los involucrados.

Nicolás Coscia ha sido identificado como el principal imputado en este caso, aunque la investigación continúa sin avances definitivos. Se ha revelado que Riboldi y Coscia mantenían una colaboración en el ámbito ganadero, en la que Riboldi proporcionaba ganado para el engorde en la propiedad de Coscia. Este esquema permitía generar un valor agregado, el cual se repartía entre ambos tras la venta de los animales. La relación profesional entre ellos se torna compleja en el contexto del robo, ya que ahora se cuestiona la confianza que existía entre ambos.

Documentos presentados ante la Justicia han sido obtenidos, en los cuales se argumenta que las vacas fueron sustraídas y vendidas sin el consentimiento de Riboldi. En estos documentos, se incluye una solicitud hecha por Coscia ante SENASA para el traslado de 190 animales, lo que sugiere una planificación delictiva. Esta información es crucial, ya que establece un vínculo directo entre el imputado y la operación que llevó a la desaparición del ganado.

La situación subraya la importancia de los mecanismos legales y de control en la industria ganadera, donde la falta de supervisión puede facilitar la comisión de delitos como el abigeato. Además, resalta la vulnerabilidad de los pequeños productores frente a estafas que pueden surgir en relaciones comerciales mal gestionadas. A medida que avanza la investigación, se espera que se esclarezcan las responsabilidades y se tomen medidas para prevenir futuros incidentes en el sector agrícola, que es vital para la economía nacional. El caso de Riboldi no solo pone de manifiesto los riesgos inherentes en el negocio ganadero, sino que también se convierte en un reflejo de las complejidades del mundo influencer en Argentina.

En este contexto, los próximos pasos de la Fiscalía serán clave para determinar los culpables y el camino a seguir en este entramado de engaños y pérdidas económicas, que ha impactado no solo a Riboldi, sino también a toda la comunidad ganadera que observa con atención el desenlace de este escándalo.