El asesinato de Leopoldo “Poli” Armentano, apodado “El Rey de la Noche”, sigue siendo uno de los misterios más oscuros de la historia criminal argentina. Aquel trágico 20 de abril de 1994, Armentano fue acribillado con un único disparo de una pistola calibre .22 que le atravesó el pómulo izquierdo, afectando gravemente su cerebro y provocándole la pérdida del habla y casi de la vista. A sus 37 años, se cerró una etapa fulgurante de su vida, marcada por el esplendor de la vida nocturna en Buenos Aires y por su cercanía a los círculos más influyentes de la sociedad.
El caso fue investigado a fondo, recorriendo en su trayectoria más de veinte juzgados, pero nunca se logró identificar al autor material ni al intelectual del asesinato. En 2006, tras años de frustración y falta de avances significativos, la causa fue finalmente archivada, dejando tras de sí un sinfín de interrogantes y conjeturas. La falta de respuestas ha mantenido viva la llama del interés mediático y público por este crimen, que parece estar envuelto en un velo de impunidad y secretos de una época dorada pero también peligrosa de la vida nocturna porteña.
La investigación inicial estuvo a cargo del Juzgado de Instrucción 25, dirigido por el juez Francisco Miguel Ángel Trovato, un personaje conocido por su afán de protagonismo y su estilo particular. Trovato se convirtió en una figura mediática en un contexto donde los límites entre la justicia y la prensa eran difusos. Su enfoque inicial en el caso se centró en Guillermo Coppola, un amigo cercano de Armentano, a quien muchos consideraban como una figura paternal en su vida. Esta elección generó controversias y teorías que aún perduran.
Coppola, que despidió a su amigo en el cementerio de la Recoleta, expresó su indignación ante las acusaciones que lo vinculaban con el crimen, defendiendo su relación con Armentano como algo más que una simple amistad. “Poli era como un hijo o un hermano menor para mí”, afirmó, desestimando las especulaciones acerca de un supuesto pacto de silencio entre ellos. Las insinuaciones de un conflicto por deudas, tanto con Coppola como con otros personajes del mundo nocturno, como Daniel Bellini, quienes supuestamente le habrían prestado grandes sumas de dinero, alimentaron aún más el misterio, pero nunca se encontraron pruebas contundentes que respaldaran estas versiones.
Las teorías sobre el crimen son numerosas y variadas. Algunos sugieren que Armentano había acumulado enemigos en su entorno, y que su estilo de vida ostentoso y las deudas adquiridas podrían haberlo convertido en un blanco. Otras conjeturas apuntan a un ajuste de cuentas relacionado con el narcotráfico, un tema recurrente en la narrativa criminal de la época. Sin embargo, la falta de evidencias concretas ha hecho que estas teorías queden en el ámbito de la especulación.
El caso de Poli Armentano es un claro ejemplo de cómo el sistema judicial puede quedar atrapado en un laberinto de indefiniciones y silencios. A más de dos décadas de su asesinato, el hecho sigue resonando en la memoria colectiva de Buenos Aires, evocando no solo la figura de un hombre que supo brillar en la noche porteña, sino también la sombra de un crimen que permanece sin aclarar. Las lecciones de este caso son múltiples, y van más allá del simple hecho policial: revelan las complejidades de un mundo donde la fama y el poder se entrelazan con el riesgo y la violencia.
A medida que el tiempo pasa, las figuras involucradas se desvanecen y el contexto social cambia, pero el legado de Poli Armentano y su trágico final continúan intrigando a investigadores, periodistas y al público en general. Aún queda la pregunta en el aire: ¿Quién realmente mató al Rey de la Noche? La respuesta parece estar tan esquiva como los mismos misterios que rodean a su vida y su muerte.



