Durante el mes de mayo, el transporte ferroviario en el país experimentó una notable contracción, con una caída del 5,9% en comparación con el mismo mes del año anterior. Esta disminución dejó el número de pasajeros en el umbral de los 59 millones, lo que ha generado preocupación entre los especialistas del sector. A pesar de que otros modos de transporte, como el autobús y el avión, mostraron ligeras mejoras, el ferrocarril se vio arrastrado a un panorama negativo que afecta el panorama del transporte interurbano en su conjunto.
El contexto de esta baja en el transporte ferroviario es complejo. A nivel general, el transporte público estatal logró mantener un leve aumento del 0,8% en la tasa anual, alcanzando más de 524,9 millones de pasajeros. Este crecimiento es atribuido principalmente a la buena performance de los servicios urbanos, específicamente en metro y autobús, que han sido fundamentales para equilibrar el resultado del mes. Sin embargo, el transporte interurbano, que sumó más de 148,3 millones de viajeros, se vio afectado por la caída en el uso del tren, destacando la necesidad de evaluar las causas detrás de esta tendencia.
En términos de modalidades de transporte interurbano, la caída del ferrocarril contrasta marcadamente con los incrementos observados en otros sectores. El transporte por autobús interurbano creció un 2,5%, mientras que el sector aéreo también registró un aumento del 2,4%. A pesar de que el transporte marítimo experimentó una leve baja del 0,3%, la tendencia general sugiere que los viajeros están optando por alternativas que parecen más convenientes o accesibles en este momento.
Particularmente preocupante es el descenso en el transporte ferroviario de media distancia, que sufrió una baja del 12,6%, reduciéndose a 3,7 millones de pasajeros. Las estadísticas también reflejan un descenso del 6,4% en la larga distancia, con una notable disminución del 7,1% en el segmento de alta velocidad, que alcanzó solo 3,6 millones de usuarios. Estas cifras evidencian un cambio en las preferencias de los viajeros, que podrían estar buscando opciones más flexibles o rápidas para sus trayectos.
Por el lado del transporte urbano, se observó un crecimiento significativo, superando los 325 millones de viajeros en mayo. El metro se consolidó como el principal impulsor de este incremento, con una subida del 3,4% en comparación interanual. Las líneas de autobús urbano, aunque con un crecimiento más modesto del 0,8%, también contribuyeron al aumento general. Sin embargo, el caso de Sevilla es preocupante, ya que la ciudad registró una disminución del 17% en el uso del metro, lo que plantea interrogantes sobre la gestión del transporte en esa región.
A nivel regional, el transporte urbano por autobús mostró las mayores subidas en el País Vasco, Canarias y el Principado de Asturias, mientras que Andalucía, la Comunitat Valenciana y Extremadura experimentaron caídas en la demanda. Esta disparidad en las cifras revela no solo la variabilidad en la oferta de servicios, sino también cómo las políticas locales y la infraestructura pueden influir en el uso del transporte público.
Finalmente, el transporte especial y discrecional mantuvo una estabilidad relativa en mayo, con una ligera disminución del 0,1% interanual. Sin embargo, el transporte escolar, que se vio afectado por una baja del 1,7%, podría estar reflejando cambios en las dinámicas familiares post-pandemia. A pesar de esto, el transporte turístico y de ocio logró un crecimiento del 2,3%, lo que indica que, a pesar de los desafíos, hay segmentos dentro del transporte que siguen mostrando potencial de crecimiento.



