En el contexto de la Patagonia argentina, la situación de los bosques se ha vuelto alarmante en los últimos años. Durante la reciente temporada de calor, se registraron cerca de 70.000 hectáreas de bosque consumidas por cuatro incendios de gran magnitud, una cifra que representa la mitad de la superficie que se había quemado en los 23 años anteriores. Este fenómeno pone de manifiesto una tendencia preocupante que, según los expertos, solo podrá ser contenida a través de medidas preventivas, en el marco de un cambio climático que ya se considera irreversible.
La advertencia proviene de especialistas del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) y de los servicios de prevención y lucha contra incendios en la región, quienes durante una visita a El Bolsón, una de las localidades afectadas, compartieron sus preocupaciones sobre la creciente frecuencia e intensidad de los incendios. Según estos investigadores, el año 2021 representó un punto de inflexión en la historia de los incendios en la Patagonia, donde desde 2007 se comenzó a observar una clara disminución en los caudales de agua de los ríos, lo que se traduce en una mayor vulnerabilidad de los ecosistemas locales.
El río Neuquén, un afluente significativo en la región, ha sufrido una caída de su caudal de hasta el 40%, un indicador alarmante que refleja el impacto del cambio climático en una zona que alberga una rica biodiversidad y vastas reservas de agua. Nicolás Agostini, subjefe del Servicio de Prevención y Lucha contra los Incendios Forestales (SPLIF) de Río Negro, señala que antes de 2021, el único gran incendio registrado en su jurisdicción había sido en 2009, con un impacto limitado a 2.000 hectáreas. Sin embargo, el incendio de 2021, que consumió 15.500 hectáreas, marcó un giro drástico en la historia de la región, poniendo en evidencia la necesidad urgente de adoptar medidas de prevención y educación ambiental.
La Patagonia, que incluye localidades como El Bolsón y Lago Puelo, es un destino turístico atractivo para quienes buscan disfrutar de la naturaleza, practicar senderismo y experimentar la belleza de sus lagos y montañas. Sin embargo, el reciente verano se tornó en un verdadero desafío tras los devastadores incendios. Las comunidades locales, que dependen en gran medida del turismo, aún lidian con las secuelas de estos eventos, que han alterado no solo la flora y fauna del área, sino también el tejido social y económico de la región.
Desde la Fundación Bariloche, el agrónomo Marcos Easdale ha señalado que, aunque los incendios son parte del ciclo natural del ecosistema, su frecuencia y magnitud han aumentado notablemente en los últimos años. Las condiciones climáticas han cambiado drásticamente, con una reducción en las precipitaciones que oscila entre el 20 y el 30%, y en algunos casos, hasta un 40% en el total anual. Esto, combinado con un aumento en las temperaturas veraniegas que alcanza hasta 1,5 grados, crea un entorno propicio para la propagación del fuego.
La situación es crítica y requiere un enfoque integral que contemple no solo la lucha contra los incendios, sino también una educación ambiental que empodere a las comunidades locales. Desde la implementación de políticas públicas hasta iniciativas de reforestación y conservación, es fundamental que todos los actores involucrados trabajen en conjunto para mitigar los efectos del cambio climático y proteger uno de los ecosistemas más valiosos del país. La Patagonia no solo es un refugio de biodiversidad, sino también un símbolo de la conexión entre el ser humano y la naturaleza, y su protección es responsabilidad de todos.



