El 22 de mayo de 2024, la tranquilla localidad de Santo Tomé, en Corrientes, fue escenario de un accidente trágico que dejó una profunda huella en la comunidad. Marcelo Ferreyra y Miguel Ángel Da Rosa, dos narcotraficantes cuya actividad delictiva estaba enfocada en el tráfico de drogas, se dirigían con un cargamento de 280 kilos de marihuana en un Renault Fluence. A las 9:30 de la mañana, ambos partieron desde San Javier, Misiones, con la intención de trasladar la droga hacia el sur, pero su viaje terminó en una tragedia que costó la vida de una joven de 21 años, Manuela Jaqueline Ponce, conocida por sus amigos como "Nela".

Mientras Ferreyra conducía el vehículo principal, Da Rosa lo seguía en un Chevrolet Prisma, cumpliendo el rol de auto de soporte para detectar posibles controles policiales. Sin embargo, su estrategia se tornó fatal cuando, durante una maniobra de sobrepaso en el puente sobre el arroyo Ita Cuá, Ferreyra chocó a Nela, quien circulaba en una motocicleta. El impacto fue devastador: la joven perdió la vida en el acto, dejando atrás sueños de ser maestra jardinera y un futuro que se desvaneció en un instante.

Poco después del accidente, Ferreyra abandonó el lugar, dejando atrás tanto el vehículo como la carga de marihuana. Junto a Da Rosa, huyeron del escenario del crimen, pero su libertad fue efímera; las autoridades lograron capturarlos días después gracias a las grabaciones de cámaras de seguridad que retrataron su modus operandi. La investigación reveló detalles preocupantes sobre sus acciones y la falta de humanidad al abandonar a la víctima tras el accidente.

En un fallo posterior, la Justicia condenó a Ferreyra a 7 años de prisión por el delito de transporte de estupefacientes, mientras que Da Rosa recibió una pena de 4 años como cómplice. Sin embargo, la Fiscalía Federal de Corrientes considera que estas sanciones no son proporcionales a la gravedad del delito y la pérdida irreparable que causaron. En respuesta, han decidido apelar a la Cámara de Casación para solicitar una revisión de las penas, buscando que ambos narcotraficantes enfrenten una condena de 14 años de prisión.

Durante el juicio, la acusación argumentó que la naturaleza del crimen, así como las circunstancias en las que fue ejecutado, debían tener un peso significativo en la determinación de las penas. Destacaron la crueldad de abandonar a una persona que habían atropellado y los medios utilizados para llevar a cabo el delito, lo que pone de manifiesto un desprecio absoluto por la vida humana. A pesar de que los acusados intentaron expresar su arrepentimiento, los fiscales no se mostraron convencidos y consideraron que este aspecto no podía ser un atenuante en su conducta delictiva.

El contexto de la vida de Ferreyra, un comerciante y farmacéutico de 50 años apodado "Botica", también fue considerado en el juicio. Su conocimiento sobre sustancias y su deber de legalidad, dada su profesión, lo colocan en una posición de mayor responsabilidad. Da Rosa, de 55 años, también contaba con un pasado que complicaba su situación, al ser un pensionado y remisero, lo que sugiere que tenía plena conciencia de las implicaciones de sus actos.

La lucha por justicia para Nela continúa, mientras la familia y amigos de la joven esperan que el sistema judicial reconozca la gravedad de las acciones de estos narcotraficantes. Este caso no solo resalta la problemática del narcotráfico en Argentina, sino también el impacto devastador que puede tener en las vidas de personas inocentes, cuya única falta fue estar en el lugar equivocado en el momento equivocado.