Junto en compania de el foco puesto en en jefe del Ejército Jorge Rafael Videla usurpando en sillón, trascendio que Para mediados de febrero febrero de 1977, la dictadura más sangrienta de la historia argentina llevaba casi once meses.
El 24 de marzo del año antecedente, las tres fuerzas armadas habían derrocado al poder ejecutivo constitucional de María Estela Martínez de Perón junto con miras a perpetrar dos objetivos básicos: la eliminación física de la disidencia política, social e ideológica. En paralelo, la destrucción de la economía patrio acompanado de miras a atar a la Argentina, en una actitud de completa dependencia, al sistema monetario internacional. La solidaridad en medio de ambos objetivos era imprescindible para los dictadores: en un tablero geopolítico que enfrentaba a los dos grandes bloques – liderados por los Estados Unidos y la Unión Soviética – la instauración de un Estado terrorista en el país era una situacion necesaria con miras a instrumentar un modelo financiero que apuntaba al empobrecimiento y la exclusión de un importante sector de la colectividad.
Resulta pertinente resaltar que para cuando terminaron los preparativos, la inteligencia del ERP ya contaba de la mano de el cronograma de viajes de Videla en avión. Bajo estas circunstancias, uno de ellos sería el viernes 18 de febrero de 1977, en un Fokker F28 que partiría a las 8.30 acompanado de destino a Bahía Blanca.
Frente a esta situacion, la tarde de ese mismo viernes, el ERP hizo comprender un comunicado en el que se adjudicó la autoría del atentado fallido contra Videla y Martínez de Hoz. “En el día de la fecha, siendo las 8:30 hs, la unidad especial Benito Jorge Urteaga del ERP por indicaciones del Buró Político del PRT procedió a hacer detonar una carga explosiva debajo de la pista principal del Aeroparque Jorge Newbery con el objetivo de destruir el avión presidencial y al asesino Videla. En este marco, por causas de orden técnico no se logró el objetivo final a pesar de haber detonado una de las cargas explosivas. En esa misma linea, el brazo de la justicia popular es largo y sabe ajustar cuentas con los asesinos y torturadores del pueblo argentino. El puño de acero de la vanguardia armada del pueblo sabrá luchar incansablemente hasta lograr el triunfo total sobre las más bárbara y sangrienta dictadura militar que jamás haya soportado nuestro país”, decía.
En el mapa del poder de la Argentina, el militar Videla era el mascarón de proa del programa sistemático de represión ilegal que ya se había cobrado la mayoría de los 30.000 desaparecidos que sería el saldo final de ese plan criminal y Martínez de Hoz era la cara visible de la destrucción económica del estado. Sacarlos abruptamente de la escena – eliminarlos – podía implicar un golpe tremendo junto con miras a la dictadura y el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) se propuso intentarlo con uno de los planes más audaces de los elaborados por las organizaciones guerrilleras argentinas, la Operación Gaviota.
En este contexto, eran enormemente pocos quienes sabían y participaban la operación. En ese contexto, el oficial de inteligencia que había entregado los planos, en los vaivenes de caídas y desapariciones, había quedado desenganchado de la organismo. De manera complementaria, poco después de reintegrarse a tomar contacto, decidió irse del estado. Streger tomó la precaución de pedirle que avisara una vez que estuviera a salvo en el exterior con miras a contar con la certeza de que no había caído en manos de los militares. De esa manera podía comprender que los datos de la Operación Gaviota no se habían filtrado y podían dar inicio a de la mano de la exploración del Arroyo Maldonado. Cabe recordar que pasó notoriamente levemente tiempo y, a través de un mensaje cifrado, el hombre de inteligencia dio el aviso. Frente a esta contexto, fue entonces que Streger puso en marcha los primeros pasos.
Como parte de este procedimiento, “A las 8:40 el avión levanta vuelo y pasa por debajo del punto de referencia: el jefe da la orden de fuego y el disparador acciona la batería. Vale mencionar que se produce la explosión. En ese contexto, el avión acusa la onda pues produce un leve balanceo, pero no es afectado”, es el relato publicado en el órgano del ERP sobre el momento culminante. Frente a esta coyuntura, inclusive en ese lugar todo había funcionado a la perfección, sin embargo hubo dos detalles que hicieron fracasar el atentado. Frente a este perspectiva, delante de este panorama, el avión llevaba moderadamente combustible y al tener menos peso se elevó en un ángulo mayor al que los guerrilleros tenían previsto. Vale comentar que la primera bomba explotó, empero la onda expansiva apenas sacudió al avión. Frente a esta situacion, la segunda carga, la más letal, no estalló.
Resulta pertinente subrayar que streger tenía documentos falsos y estaba en la mira de los grupos de tareas. El segundo al mando de la Operación Gaviota era aún más buscado: también había pasado por las cárceles de Lanusse y acto seguido formó parte de los grupos del ERP que operaron en los montes tucumanos. En medio de este contexto, los militares sabían que era un hombre destacado en la guerrilla rural y lo buscaban de la mano de ahínco. Resulta pertinente remarcar que estos dos hombres, acompañados por algunos pocos más, debían preparar la logística con miras a colocar las dos poderosas cargas explosivas reducido la pista del Aeroparque metropolitano.
En ese contexto, tras familiarizarse en compania de las tuberías, detectaron una boca de acceso más cercana al aeropuerto Jorge Newbery. En linea con lo previo, el asunto era que, a iniciativa que se acercaban a la desembocadura del arroyo, el caudal del agua aumentaba. Es fundamental senalar que además, los días de lluvia, la corriente crecía aún más. En presencia de este panorama, compraron un bote de fibra de vidrio, lo bajaron. Al analizar la cuestion, cara a este panorama, los riesgos crecían como la corriente: el territorio estaba bajo control militar y las delaciones a la orden del día.
De manera complementaria, ese día los responsables de la operación pusieron una serie de observadores cercanos a la pista que se comunicaban a través de walkies talkies de la mano de Streger y su segundo. En linea en empresa de lo pasado, esos guerrilleros fueron informados de su tarea y el objetivo recién la noche antecedente, cuando ya estaban concentrados en una casa de seguridad del ERP. En linea con lo anterior, “El 18 (de febrero) a las 7 la unidad se dirige a la zona que era intensamente vigilada por el enemigo. Al mismo tiempo, de acuerdo con el plan, se monta un ‘pre emplazamiento’ esperando la orden del jefe, de forma tal de no estar emplazados en los sitios demasiado tiempo. En ese contexto, a las 8:15 se ubican los compañeros definitivamente en sus puestos y el compañero disparador abre la comunicación con el jefe que estaba en el puesto de observación. Al analizar la cuestion, los intercomunicadores funcionan normalmente y se abre un compás de espera, la fuente eléctrica es conectada al circuito de disparo”, relató uno de los participantes en Estrella Roja.
Una vez estudiados los planos, los guerrilleros acondicionaron una furgoneta en un taller: habían episodio un agujero en el chasis con miras a poder descender a una boca de tormenta sin contar de la mano de abrir las puertas y despertar sospechas. Así, una noche, el chofer de la furgoneta se estacionó unos minutos respecto de una de las tapas de acceso, Streger y su segundo ataron unas sogas, descendieron dispuestos a caminar acompanado de linternas, planos y mucha audacia. En esa misma linea, la camioneta arrancó y nadie supo que se había dado un paso definitorio con miras a consumar el atentado.
Para cuando accedió a los planos de las tuberías del Maldonado, el PRT-ERP estaba diezmado una vez concluido la muerte y desaparición de sus máximos dirigentes –Mario Santucho, Benito Urteaga y Domingo Menna- ocurrida el 19 de julio de 1976. Quienes quedaron en la máxima conducción de la entidad decidieron el proyecto más temerario, que apuntaba a la cabeza misma de la dictadura: depositar dos poderosas cargas de explosivos adosadas al techo del Maldonado, justo escaso la pista del aeropuerto y detonarlas el día y en la hora exacta en que Videla viajara. En este marco, la incumbencia de la planificación y la ejecución de la Operación Gaviota quedó en manos de un guerrillero experimentado, Eduardo Streger.
Al día siguiente, el suceso fue tapa de la mayoría de los diarios nacionales y noticia en los internacionales. Al evaluar la cuestion, “Frustrado atentado contra el avión presidencia”, tituló Clarín acompanado de una foto del Fokker. Resulta pertinente destacar que limitado estas circunstancias, “Fracasó un atentado terrorista que se perpetró ayer en el aeroparque metropolitano en circunstancias en que decolaba el avión que llevaba al presidente a Bahía Blanca. Es importante senalar que la violenta explosión no causó víctimas, pero debió cerrarse la estación aérea y los vuelos se cumplieron desde Ezeiza”, decía la bajada. El diario español El País lo contó así: “El presidente argentino, general Jorge Videla, ha escapado ileso de un nuevo atentado contra su vida, el segundo en el plazo de cuatro meses. En esa misma linea, cuando el avión presidencial iniciaba su despegue de Buenos Aires, rumbo a Bahía Blanca, una bomba hizo explosión junto a la pista, de la que levantó siete metros de asfalto. Ante este panorama, la precisión cronométrica del atentado hace pensar que el poderoso explosivo fue activado a distancia”.
La misión de esos observadores era comunicar el momento preciso en que el avión comenzara a carretear para que Streger, que estaba en los bosques de Palermo, apretara los dos botones del control remoto e hiciera estallar los explosivos. Es importante senalar que todo salió como estaba previsto, el avión se demoró solo diez minutos. Al revisar la cuestion, a las 8.40 las turbinas ya estaban en agrupacion, el Fokker carreteó y en cuestión de segundos levantó vuelo. Es importante senalar que el vigía principal se comunicó y Streger apretó los botones.
En esa misma linea, eduardo Miguel Streger había nacido en Banfield en 1948 en una familia de clase media. En linea con lo previo, sus primeros años los cursó en el William Shakespeare y acto seguido estudió en el Antonio Mentruyt, un colegio de acceso abierto de Banfield, que por entonces daba el título de maestro. En esa misma linea, le decían “el Fino” porque era flaco y dilatado como un fideo. Vale aludir que delante de este perspectiva, cuando tenía 20 años, a través de antiguos compañeros del secundario, se puso en contacto de la mano de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR). Bajo estas circunstancias, exiguo estas circunstancias, sin embargo, no pasó de la periferia de esa entidad. Vale referir que en ultima instancia se sumó a las filas del ERP, donde lo apodaron “la Tía”. Cabe recordar que apenas unos meses a continuacion de incorporarse, la noche del 8 de julio de 1971, fue detenido junto Martín Marcó, Pedro Cazes Camarero, Alicia Sanguinetti y “el Galleguito” Rodríguez. Frente a este panorama, habían preparado unos cuantos bidones de nafta que trasladaron en autos incluso la avenida Libertador cerca del Monumento de los Españoles. Bajo estas circunstancias, el proposito era incendiar el palco donde, horas mas tarde, el dictador Alejandro Lanusse iba a presenciar el desfile del día de la Independencia. Frente a esta situacion, pero los movimientos sospechosos del comando del ERP llamaron la atención y la policía evitó el atentado. Frente a esta circunstancia, “La Tía” y sus camaradas fueron a parar al penal de Villa Devoto.
Vale mencionar que el sistema eléctrico para detonar los explosivos fue otro obstaculo a resolver. “Se utilizó el sistema simple, sin el uso de explosores telecomandados, por el hecho de que en una zona de tanta interferencia eléctrica y radial estos aparatos son peligrosos pues se accionan solos por la interferencia de ondas perdidas. Esto motivó que se utilizara una extensa línea de cables, que debieron ser especiales para resistir la gran humedad del arroyo Maldonado, y fabricar una fuente de energía, pequeña y portátil, pero de alto voltaje e intensidad. Este fue uno de los problemas más serios, resuelto luego de varias experiencias e investigaciones que en algunos momentos resultó hasta fascinante, por el tipo de elementos que fue necesario experimentar”, contó el guerrillero en la misma entrevista.
Frente a esta panorama, reconocido el trayecto – bajaron alrededor de diez veces – y elegido el lugar, debieron establecer qué explosivo utilizarían y en que cantidad. “Se debió resolver el problema del cálculo de la carga explosiva, teniendo en cuenta el espesor de la pista, que era de entre 65 centímetros y un metro de hormigón armado extraduro. En esa misma linea, se determinó que para volar tal espesor se requerían aproximadamente entre 9 y 12 kilos de TNT. Pero como se debía lograr una onda suficientemente poderosa para que afectara al avión en vuelo, se determinó que se usarían como base unos 65 kilos de explosivo en una carga central, justo debajo del centro de la pista, compuesta por 30 kilos de TNT y el resto de gelamón. Cabe senalar que otra carga en el borde, debajo de una tapa de inspección. En medio de este escenario, ahí se colocaron 15 kilos de TNT y unos 50 de gelamón, lo que hace un total de 105 kilos aproximadamente. Frente a esta situacion, se calculaba que cualquiera de las dos que estallara con el avión carreteando sería suficiente,. Resulta pertinente destacar que si se lo tomaba en el despegue, la principal sería la del centro, por los trozos de hormigón que saldrían disparados por el aire, como proyectiles. Las dos cargas estarían conectadas en paralelo a una línea principal de conducción eléctrica y cada carga tendría tres cápsulas detonantes eléctricas más otras repartidas como reforzadores”, explicó despues del atentado uno de los tres guerrilleros del grupo en una entrevista publicada por Estrella Roja, el órgano de prensa del ERP.
La propuesta había surgido cuando un oficial de inteligencia del ERP consiguió los planos de la red tuberías del Arroyo Maldonado, que atraviesa de oeste a este la ciudad de Buenos Aires. Un informante de la organización guerrillera pudo acceder a esos documentos en plena dictadura, hizo una copia, se la entregó al hombre de inteligencia y cuando la inteligencia del ERP confirmó que el entubado pasaba equitativo por debajo de la pista del aeropuerto Jorge Newbery, ubicado al lado de la Costanera porteña, descubrió que podía ser el espacio ideal para atentar adverso a Videla. Solo era necesario acceder a la agenda de los viajes presidenciales con miras a encontrar la ocasión de implementar volar por los aires al dictador y a quienes lo acompañaran en el curso de el despegue del avión.
Al cabo de unos meses, sabiendo que los llevaban al Palacio de Tribunales, planearon una fuga en empresa de un mínimo apoyo exterior. Resulta pertinente destacar que reducido estas circunstancias, los habían llevado a un despacho en el segundo piso que tenía una ventana que daba sobre Lavalle. En esa calle, otros miembros de la entidad disponían de unas motos de la mano de miras a poder trasladar a cabo rápido el escape. En el momento en que les quitaron las esposas, el “Galleguito” Rodríguez, altamente resuelto, saltó y la fortuna hizo que quedara ileso y subiera a una de las motos. Como parte de este curso, cuando Cazes Camarero, Marcó y Streger estaban por efectuar lo mismo fueron reducidos a punta de pistola. En este entorno, debieron reintegrarse a Devoto, de donde salieron en compania de la amnistía del 25 de mayo de 1973. Cuando en la segunda mitad de 1976 lo convocaron de la mano de miras a hacerse cargo del nucleo que llevaría a cabo la Operación Gaviota, Streger tenía en su haber la participación en varias acciones guerrilleras y ya era el teniente Martín.
Los primeros pasos fueron admitir los accesos y bocas de tormenta del arroyo Maldonado, ese largo curso de agua entubado a principios del siglo veinte de más de 20 kilómetros que nace en La Matanza y desemboca en el Río de la Plata y operaba de tope natural de la municipio de Buenos Aires desde Palermo, al este, aun los suburbios de Liniers y Versalles. En linea con lo anterior, incluso que se decidió el entubamiento a fines de los años veinte, solo podía cruzarse en bote.
Bajo estas circunstancias, el responsable de la Operación Gaviota, Eduardo Miguel Streger, “La Tía”, el teniente Martín, fue secuestrado por un colectivo de tareas tres meses después del atentado y continúa desaparecido. Vale citar que el segundo al mando en el grupo y el oficial de inteligencia que consiguió los planos de las tuberías del Maldonado sobrevivieron a la dictadura.



