En una carta de lectores, el ingeniero y profesor Ricardo H. Caroprese plantea que muchos estudiantes de secundaria y de la universidad logran estudiar, pero no siempre desarrollan herramientas para enfrentarse a situaciones desconocidas. Según observa a partir de su experiencia en tutorías, cuando deben resolver un ejercicio diferente de los habituales suelen bloquearse, porque el sistema los acostumbró a confiar más en la repetición de una receta que en el razonamiento.

Caroprese diferencia memorizar de comprender y sostiene que la educación debería estimular preguntas como “¿por qué?” o “¿hay otra manera?”. También propone que los docentes pregunten a sus alumnos “mostrame cómo lo pensaste”, como una forma de valorar el proceso y no únicamente el resultado. Para el autor, enseñar no consiste en conducir a los estudiantes hasta el mismo punto al que llegó el profesor, sino en desarrollar en ellos un “músculo mental” que les permita avanzar todavía más. Si un alumno encuentra un camino inesperado, considera que eso no desmerece al docente, sino que lo enaltece.

La carta advierte además sobre los resultados educativos. De acuerdo con un dato de Argentinos por la Educación citado por Caroprese, de cada 100 alumnos que comenzaron la primaria en 2013, solo 10 terminaron la secundaria en el tiempo previsto y con saberes satisfactorios. El autor reconoce que contener a los estudiantes es fundamental, aunque remarca que esa tarea no reemplaza la enseñanza.

Frente al avance de la inteligencia artificial, Caroprese señala que el desafío ya no pasa únicamente por definir si los estudiantes utilizarán tecnología, sino por saber qué harán con ella. Menciona que el operativo PISA incorporó el dominio “Aprendiendo en el Mundo Digital” y sostiene que, cuanto más sencillo resulta obtener una respuesta automática, más importante se vuelve la capacidad humana de comprobar si es correcta. A su entender, la educación debe formar personas capaces de construir respuestas, y no de limitarse a obedecerlas.

Ricardo H. Caroprese