La educación en el siglo XXI enfrenta desafíos complejos, donde la violencia y el sufrimiento en los entornos escolares son manifestaciones de problemáticas sociales más amplias. Carina Kaplan, en su reciente obra "Educar en la empatía" publicada por Paidós, sostiene que las instituciones educativas tienen un papel fundamental en la recuperación de las heridas sociales, señalando la necesidad de implementar prácticas que fomenten la empatía entre los estudiantes. En un contexto donde la violencia parece estar en ascenso, es esencial reflexionar sobre cómo las escuelas pueden contribuir a crear un ambiente de respeto y comprensión mutua.
Kaplan, quien es doctora en Educación por la Universidad de Buenos Aires y docente de Sociología de la Educación en la Universidad Nacional de La Plata, ha sido distinguida con el premio Konex por su labor en el ámbito educativo en la última década. En una entrevista reciente, enfatiza que el aprendizaje emocional es inseparable del conocimiento académico, y que la violencia que se observa en las aulas es, en muchas ocasiones, un reflejo del sufrimiento interno de los alumnos. La mirada esperanzadora de un educador puede tener un impacto profundo en la vida de los jóvenes, ofreciendo la posibilidad de cambiar su trayectoria personal y social.
La autora plantea interrogantes fundamentales sobre la manera en que se puede cultivar la empatía en el aula. Según Kaplan, la violencia en las escuelas no se limita a la agresión física, sino que abarca también formas de violencia simbólica, como la humillación y el desprecio. Estas dinámicas no solo perjudican a los que son objeto de estas acciones, sino que también afectan a los agresores, perpetuando un ciclo de dolor y deshumanización. Por lo tanto, es crucial que las escuelas se conviertan en espacios donde se enseñe a reconocer el daño que se puede causar a otros y a entender la importancia de construir lazos afectivos.
La empatía, como Kaplan describe, no es solo un concepto teórico, sino una práctica cultural que requiere un compromiso activo por parte de los estudiantes. Implica aprender a imaginar lo que el otro siente y hacerse responsable de las propias acciones en un entorno compartido. Esto no se limita a un conocimiento superficial del otro, sino que requiere una conexión más profunda, donde cada individuo es valorado por su humanidad. La escuela, en este sentido, debe ser un lugar donde se formen relaciones que trasciendan la violencia y fomenten el respeto y la colaboración.
Los hallazgos de Kaplan, basados en investigaciones que ha llevado a cabo, revelan un panorama preocupante: muchos estudiantes que sufren violencia en el entorno escolar desarrollan sentimientos de autodesprecio y, en algunos casos, incluso llegan a desear desaparecer. Esto plantea una pregunta inquietante sobre cómo es posible que la experiencia educativa se convierta en un proceso tan doloroso para algunos jóvenes. La violencia no es solo un acto aislado; es un fenómeno que se entrelaza con las vivencias de cada alumno, afectando su autoestima y su capacidad para relacionarse con los demás.
En este contexto, es imperativo que las escuelas implementen estrategias que interrumpan el ciclo de violencia y promuevan la empatía como una herramienta de sanación. La educación no debe limitarse a la transmisión de conocimientos, sino que debe abarcar el desarrollo integral del individuo, donde se priorice el bienestar emocional y social. Al fomentar un ambiente de apoyo y comprensión, las escuelas pueden desempeñar un papel decisivo en la transformación de la cultura del aula, convirtiéndose en refugios de paz y respeto donde cada estudiante pueda desarrollarse plenamente.
La propuesta de Kaplan invita a repensar el rol de la educación en nuestra sociedad, donde la empatía y la reparación de las heridas sociales deben ser consideradas como pilares fundamentales. Solo a través de un compromiso colectivo por parte de docentes, padres y comunidades se podrá avanzar hacia un modelo educativo que no solo forme profesionales, sino que también contribuya a la construcción de una sociedad más justa y solidaria.



