Una diferencia en el consumo de jabón y papel higiénico entre los baños de mujeres y de hombres en cines y teatros despertó la curiosidad de un empresario del rubro. El gasto más elevado en la reposición de esos elementos en los sanitarios femeninos lo llevó a pensar que podía existir algún error en los cálculos y decidió realizar una observación por su cuenta.
Para hacerlo, permaneció junto a los lavatorios del baño de hombres y simuló lavarse las manos mientras contabilizaba el comportamiento de quienes salían. Según ese sondeo informal, de cada diez varones que utilizaban el baño, seis se retiraban sin pasar por los lavatorios. De los cuatro restantes, tres se enjuagaban apenas algunos dedos con agua y solo uno recurría al jabón.
A partir de esa experiencia, el empresario encontró una posible explicación para la presencia de dispensers de toallitas húmedas ubicados del lado interno de la puerta en los baños para hombres de ciertos cruceros VIP. En esos casos, además de utilizarlas para la higiene, algunas personas las emplearían para repasar el picaporte antes de salir, debido a la aprensión por tocarlo.
La misma tendencia, siempre de acuerdo con esta observación, también se advertiría en los baños de salas frecuentadas por público ABC1, un segmento al que suele asociarse con un mayor conocimiento de las pautas básicas de higiene. Sin embargo, el episodio presentado se basa en un relevamiento informal y no en una medición general sobre los hábitos de la población.



