El número de muertos por el terremoto de magnitud 7,7 que sacudió el sábado la isla de Flores, en el suroeste de Indonesia, ascendió a 68. Las autoridades informaron este lunes que unas 13.000 personas fueron desplazadas por el desastre, que también dejó más de un centenar de heridos.

Hasta el momento no se registraron personas desaparecidas. Sin embargo, la provincia de Nusa Tenggara Oriental sufrió cerca de 1.600 réplicas después del sismo, mientras continúan las tareas para determinar el alcance total de los daños. Más de 900 viviendas resultaron afectadas y también se registraron daños en 87 establecimientos educativos y 18 centros de salud.

Miles de habitantes debieron instalarse de manera provisoria en escuelas, comisarías y oficinas gubernamentales. La emergencia interrumpió servicios esenciales y afectó especialmente a niños y niñas, según alertó la organización Save the Children: más de 8.000 menores enfrentan interrupciones en su educación y riesgos para su seguridad.

El terremoto se convirtió en el más mortífero registrado en Indonesia desde el ocurrido en 2022 en Java Occidental, que provocó cientos de muertes. Las autoridades y los equipos de asistencia todavía evalúan la destrucción provocada por el movimiento inicial y las réplicas posteriores en la zona meridional del país.