En un contexto alarmante para la ganadería en el continente, se ha revelado que América debe incrementar significativamente su producción de moscas estériles, alcanzando la cifra de seiscientos millones por semana. Esta necesidad surge como respuesta al avance del gusano barrenador del ganado, una plaga que amenaza no solo a la producción local de carne y leche, sino también la seguridad alimentaria en la región. Actualmente, la producción de moscas estériles se encuentra muy por debajo de esta cifra, lo que pone en riesgo un sector que representa aproximadamente el 28% de la carne bovina y entre el 7% y el 10% de la leche consumida a nivel mundial.
La problemática del gusano barrenador no es nueva, pero ha cobrado mayor relevancia en los últimos años debido a su capacidad de expansión. Las autoridades de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) han decidido implementar un ambicioso proyecto para combatir esta amenaza. Esta iniciativa se basa en la técnica del insecto estéril, que consiste en criar larvas de la mosca responsable de la plaga y tratarlas con radiación para que se conviertan en estériles, manteniendo al mismo tiempo sus características fundamentales para competir con las poblaciones silvestres.
La estrategia a seguir no solo busca la producción masiva de estos insectos, sino también la capacitación de los países involucrados para asegurar una correcta implementación. Andrés González Serrano, oficial de Ganadería Sostenible de la FAO, destacó que el proyecto incluye vigilancia epidemiológica, diagnóstico veterinario y programas de bioseguridad, además de un trabajo colaborativo con los productores locales. Esto es esencial para asegurar que la técnica se aplique de manera efectiva y que las comunidades ganaderas estén preparadas para responder ante la amenaza del gusano barrenador.
Una vez que las moscas estériles alcanzan la adultez, son transportadas en avionetas hacia las áreas donde se ha identificado una mayor concentración de la plaga. En esos lugares, las moscas silvestres se cruzan con las estériles, pero el resultado de este apareamiento no genera nuevas crías, lo que ayuda a controlar la población del gusano. Este método ha demostrado su eficacia en el pasado, logrando erradicar la plaga en diversas regiones desde México hasta Panamá, donde se había logrado contener en las adyacencias del Darién.
No obstante, el año 2022 trajo consigo desafíos inesperados que han puesto en jaque los logros alcanzados. Factores como el movimiento de animales sin controles sanitarios adecuados, así como cambios ambientales y climáticos, han facilitado el avance del gusano barrenador, superando las barreras de contención establecidas. La planta de producción de Panamá, que hasta ahora generaba cien millones de moscas estériles a la semana, ha resultado insuficiente para hacer frente a la situación actual.
Ante esta realidad, la planta ubicada en Metapa, Chiapas, ya ha iniciado su proceso de producción y liberación de moscas, pero se enfrenta al desafío de aumentar su capacidad de manera gradual. Además, se prevé la incorporación de otra instalación en Texas, Estados Unidos, lo que permitirá acercar la producción a las zonas más vulnerables. Sin embargo, la construcción y operación de estas plantas requiere inversiones significativas y acceso a tecnología avanzada, lo que podría limitar la rapidez y eficacia de la respuesta ante la plaga.



