Superar una deuda que se extendía por más de 50 años resulta un logro significativo, lleno de emociones y satisfacción personal. A sus 60 años, un argentino finalmente se animó a aprender a nadar, algo que había postergado desde su infancia.

El año 1974 marcó un hito en su vida por diversas razones, incluyendo la muerte del General Perón, un evento que resonó en todo el país. También fue el año en que nació su segunda hermana, un acontecimiento importante para su familia. Sin embargo, uno de los recuerdos más vívidos de aquel año está ligado a su experiencia con el agua, cuando sus padres decidieron inscribirlo en clases de natación en el Club Ciudadela Norte, recomendado por familiares que residían en Tres de Febrero.

A pesar de que sus padres no sabían nadar, consideraron fundamental que su hijo adquiriera esta habilidad. Sin embargo, un accidente durante una clase lo llevó a abandonar la natación por más de cinco décadas. Fue tras un resbalón en la pileta que sufrió un golpe en la cabeza, lo que le dejó una cicatriz y un profundo temor al agua. A lo largo de su vida, aunque disfrutaba del mar y de las piletas, la vergüenza de no saber nadar lo acompañó hasta que finalmente decidió enfrentarse a su miedo y cumplir con este anhelo postergado.