El brote de ébola que afecta a la República Democrática del Congo desde mediados de mayo provocó que al menos 180 niños perdieran a sus dos padres o a sus principales cuidadores. La cifra equivale a unos dos casos por día. Además, como la enfermedad causó casi 2.500 muertes, se estima que los menores que perdieron a uno de sus progenitores se cuentan por miles.

Save the Children advirtió sobre las consecuencias de esta situación en un país donde el conflicto armado se superpone con las zonas más afectadas por el brote. Los niños que quedaron sin sus principales referentes familiares están expuestos a un mayor riesgo de abusos, explotación, trata y graves consecuencias psicológicas, en un contexto marcado por la crisis sanitaria y las dificultades de los servicios sociales.

La mayoría de los menores recibe actualmente cuidados de familiares o permanece en centros de atención infantil gestionados por el Estado, mientras se buscan alternativas de cuidado familiar a largo plazo. A este grupo se suman otros 114 niños y niñas —61 varones y 53 mujeres— que fueron separados de sus progenitores y reciben apoyo de organizaciones humanitarias y familiares mientras sus padres son tratados por ébola. Los menores huérfanos, separados de sus familias o sin acompañamiento enfrentan también riesgos vinculados con la trata de personas, la explotación sexual, la violencia física y el reclutamiento forzado.