Situado en el sur de Mendoza, el pequeño pueblo de Bowen, que hace más de 30 años contaba con menos de seis mil habitantes, es un lugar donde todos se conocen. Esta cercanía, que suele ofrecer un sentido de comunidad, también puede convertirse en un escenario hostil, especialmente para aquellos que, como Iván Nesteruk, enfrentan situaciones de acoso y bullying. Desde su infancia, el joven vivió en un ambiente donde las dinámicas sociales se tornaban complicadas, y su hogar se convertía en un refugio de paz frente a las adversidades externas. En conversación con Medios Digitales, Iván comparte su experiencia, revelando cómo el sufrimiento que vivió en su niñez ha dejado profundas huellas en su vida.

La historia de Iván no es solo la de un niño que sufrió bullying; es un relato de cómo el miedo puede transformarse en un trastorno que afecta la vida cotidiana de una persona. Recuerda momentos en los que la violencia verbal y física lo llevaron a encerrarse en sí mismo, creando un abismo entre su mundo interior y la realidad exterior. Su proceso de autodescubrimiento comenzó en la terapia, donde su psicóloga le hizo una reveladora pregunta: “¿Te das cuenta de que esto es lo mismo que te está pasando ahora en otra situación?”. Esta reflexión le permitió conectar su trastorno de ansiedad generalizada y sus crisis de pánico con las experiencias de acoso sufridas durante su infancia y adolescencia.

A lo largo de los años, Iván ha comenzado a visibilizar su experiencia y a compartir su historia. En una reciente entrevista, manifestó: “No me quedo en el ‘sufrí bullying’: sufrí bullying y aquí estoy. Tengo trastornos de ansiedad generalizada, ataques de pánico, me pongo muy nervioso, pero estoy aquí. Estoy plantado. Se puede seguir”. Este proceso de empoderamiento lo llevó a escribir un libro autobiográfico titulado "No soy el ansioso", en el que narra su travesía a través del miedo, los síntomas y la lucha por desprenderse de una etiqueta que parecía definirlo por completo.

Desde una perspectiva más amplia, la narración de Iván se inserta en un contexto donde el bullying y sus consecuencias son temas de creciente preocupación. La sociedad actual comienza a reconocer el impacto del acoso escolar en la salud mental de los jóvenes, y la necesidad de abordar estas problemáticas se vuelve más urgente. La historia de Iván es un llamado a la reflexión sobre cómo el entorno puede influir en el desarrollo emocional de los niños y adolescentes, y pone de manifiesto la relevancia de brindar herramientas adecuadas para que puedan enfrentar estas adversidades.

Iván rememora su infancia con nostalgia, destacando momentos felices antes de ingresar a la escuela primaria, donde su relación con su hermana fue un punto de apoyo inquebrantable. Sin embargo, a medida que comenzó su trayectoria escolar, se desató una etapa oscura marcada por el bullying. Las burlas relacionadas con su apariencia física comenzaron en primer grado y se prolongaron durante toda su educación, convirtiéndose en una experiencia desgastante que lo acompañó hasta su adolescencia.

La lucha de Iván es una historia de resistencia y superación. A pesar de las dificultades, ha encontrado un camino hacia la curación y la aceptación. Su mensaje de esperanza es claro: "Se puede seguir adelante, y es posible transformar el dolor en aprendizaje". A medida que comparte su relato, Iván no solo busca ayudar a otros que atraviesan situaciones similares, sino que también se convierte en un ejemplo de que, aunque el camino hacia la sanación puede ser arduo, la resiliencia humana es capaz de prevalecer.