La importancia del aprendizaje fuera del ámbito escolar ha cobrado relevancia en los últimos años, especialmente en el contexto actual de la educación en Argentina. Durante una reciente charla titulada “En vacaciones también se aprende tecnología”, Teresa Patronelli, Directora General de Escuela Abierta a la Comunidad de la Ciudad de Buenos Aires, abordó la necesidad de integrar el bienestar socioemocional en la enseñanza. Este encuentro se llevó a cabo en el auditorio de Ticmas, como parte de la 50° Feria Internacional del Libro, y se centró en cómo la educación puede ir más allá de lo meramente académico para incluir el desarrollo emocional de los estudiantes.

Patronelli destacó que la misión de la Escuela Abierta a la Comunidad es ofrecer un enfoque que contemple la inclusión y la equidad, a través de programas socioeducativos que se adaptan a diferentes contextos socioeconómicos. Estos programas están diseñados para funcionar como espacios de aprendizaje no formal, que complementan la educación obligatoria. “Nos enfocamos en la participación y en las trayectorias individuales de cada alumno, lo que permite que cada uno se desarrolle en un entorno que promueva su bienestar”, explicó la directora, subrayando la importancia de un enfoque integral en la educación.

Uno de los puntos más alarmantes que mencionó Patronelli es el estado emocional de los estudiantes, especialmente en el nivel secundario. Según datos recopilados, un 70% de los jóvenes ha experimentado emociones relacionadas con la depresión, la ansiedad y la tristeza. Este panorama ha encendido una alerta dentro del sistema educativo, señalando la urgencia de implementar programas que apoyen el bienestar socioemocional. “Este descubrimiento nos ha guiado en la creación de estrategias que priorizan la salud mental de nuestros estudiantes”, afirmó Patronelli, enfatizando la importancia de atender estos problemas desde la raíz.

La directora también hizo hincapié en que los programas socioeducativos deben ser espacios que fomenten un aprendizaje más lúdico y flexible. La idea es ofrecer a los estudiantes un entorno donde puedan aprender sin la presión de las pantallas, algo que se ha vuelto un desafío en la educación contemporánea. “Buscamos que el aprendizaje sea más ameno y que los chicos se sientan cómodos y apoyados en su proceso educativo”, añadió, resaltando la necesidad de crear un ambiente más cercano y afectuoso.

Al abordar las particularidades de cada comunidad educativa, Patronelli subrayó la importancia de la escucha activa. “Cada comunidad es única, con sus propias necesidades y características. Escuchar a todos los actores involucrados es crucial para entender cómo podemos ayudar mejor”, manifestó. Esta postura refleja un enfoque colaborativo, donde la interacción con las familias y otros actores del sistema educativo se convierte en una herramienta fundamental para el desarrollo de estrategias efectivas.

Finalmente, la directora mencionó la relevancia de contar con equipos que realicen un relevamiento territorial, lo que permite entender las dinámicas y necesidades específicas de cada lugar. “El sistema educativo es vasto y diverso. Necesitamos personas que estén en las escuelas, en oficinas y en el territorio, supervisando y atendiendo las necesidades que surgen”, concluyó Patronelli, reafirmando su compromiso con una educación integral y centrada en el bienestar de los estudiantes. Este enfoque renovado podría marcar un antes y un después en la forma en que se concibe la educación en el país, priorizando el bienestar emocional como un pilar fundamental del aprendizaje.