El crecimiento urbano representa una amenaza para la biodiversidad de las aves, ya que puede obligarlas a desplazarse o provocar la desaparición de algunas especies. La contaminación, el ruido, el electromagnetismo y la caza indiscriminada pueden alterar sus migraciones y el establecimiento en determinados territorios. Mientras algunas aves abandonan esos espacios, otras logran adaptarse y colonizar con éxito las ciudades, una situación que también puede repercutir en la salud y la calidad de vida de la población.

En Rafaela, una ciudad santafesina de unos 100.000 habitantes, comenzó a funcionar un dispositivo láser destinado a ahuyentar a las aves sin recurrir a métodos letales. El equipo fue instalado en la terraza del Palacio Municipal y tiene un alcance estimado de 2.500 metros. Su activación se inicia a las 18, cuando las aves llegan al casco urbano para pasar la noche.

El objetivo es impedir que permanezcan en el lugar durante el descanso nocturno y promover que busquen otros espacios. La medida apunta a evitar la acumulación de excrementos sobre vehículos, calles y edificios, que derivó en un problema sanitario. En el boulevard Yrigoyen, uno de los principales de la ciudad, cientos de aves se concentran en los árboles, lo que dificulta la circulación peatonal por la presencia de heces y genera un olor intenso y desagradable.

Los relevamientos realizados en Rafaela contabilizaron unas 85 especies de aves. De ese total, alrededor de ocho generan mayor preocupación en el área céntrica, entre ellas golondrinas, cotorras, tordos, estorninos y palomas. Ante esta situación, las autoridades buscan aplicar medidas que permitan reducir la presencia de aves sin causarles daño.