En un reciente estudio, se ha encontrado que la sincronización del ejercicio con el horario de sueño de las personas puede maximizar los beneficios de los entrenamientos, mejorando así la salud cardiovascular. Esta investigación, publicada en la revista Open Heart, sugiere que tanto los madrugadores como los noctámbulos que programan sus rutinas de ejercicios en los momentos en que se sienten más alerta, experimentan mejoras significativas en parámetros vitales como la presión arterial, los niveles de azúcar en sangre y el colesterol LDL, conocido como colesterol "malo".
El estudio fue conducido por un equipo de investigadores liderado por el Dr. Arsalan Tariq de la Universidad de Lahore, Pakistán. La investigación involucró a 150 individuos de entre 40 y 60 años, todos con al menos un factor de riesgo relacionado con la salud cardíaca. Los participantes fueron divididos en grupos aleatorios y se les asignó un horario de ejercicio que coincidía o no con su cronotipo, es decir, su predisposición natural a estar más alerta en la mañana o en la noche. Se les pidió que realizaran cinco sesiones de caminata rápida por semana durante un periodo de tres meses.
Al finalizar el estudio, 134 de los participantes completaron todas las sesiones de ejercicio programadas. Los resultados revelaron que, en general, los factores de riesgo asociados a enfermedades cardíacas, la condición aeróbica y la calidad del sueño mostraron mejoras notables. Sin embargo, aquellos que adaptaron su rutina de ejercicios a su cronotipo específico experimentaron beneficios aún más destacados en parámetros como la presión arterial, la frecuencia cardíaca, la capacidad aeróbica, el control del azúcar en sangre y la calidad del sueño.
Un dato relevante del estudio es que la presión arterial sistólica disminuyó casi 11 mm/Hg en los participantes cuyos horarios de ejercicio coincidían con su cronotipo, en comparación con una reducción de menos de 6 mm/Hg en aquellos que se ejercitaron en momentos que no se alineaban con su reloj biológico. Esta disminución fue aún más pronunciada en quienes comenzaban con hipertensión, donde se observó una caída de casi 14 mm/Hg en el grupo que siguió la sincronización adecuada frente a solo 7 mm/Hg en el grupo desajustado.
El Dr. Tanayan, cardiólogo deportivo en el Northwell Lenox Hill Hospital de Nueva York, respaldó estos hallazgos, afirmando que la investigación resuena con estudios previos que muestran cómo alinear el ejercicio con el reloj interno del cuerpo puede mejorar el control del azúcar en sangre. Esta evidencia sugiere que la eficacia del ejercicio puede incrementarse notablemente cuando se realiza en sintonía con el ciclo circadiano del individuo.
De acuerdo a los investigadores, este estudio se suma a un creciente corpus de evidencia que respalda la idea de que el momento en que se realiza ejercicio puede tener un impacto significativo en la salud general. Por lo tanto, personalizar las rutinas de ejercicio en función del cronotipo de cada persona podría ser una estrategia práctica en entornos clínicos y de salud pública, promoviendo mejores resultados en salud y un mayor compromiso con la actividad física.



